Y TU, ¿POR QUÉ DISCUTES?

Día a día cada uno de nosotros discutimos.

Por el tiempo, por la falta de él, por la lluvia…no discutimos, nos quejamos, diréis algun@ pero no, eso también es discutir, discutimos con nosotros mismos.

A veces esas discusiones nos pueden dar más información de la que podemos pensar. Esa costumbre tan arraigada en nuestra sociedad responde más bien a una falta de aceptación de algún aspecto de nuestra vida o situación, o puede que a una rebeldía no manifestada ante hechos o situaciones que no nos gustan y provocan en nosotros esos sentimientos de enfado y que no conseguimos o no sabemos canalizar de forma adecuada.

A nivel general se podría decir que la sociedad está enfadada, lo cual se traduce en familias, compañeros de trabajo o grupos de amistades que cada vez discuten más. Solo tenemos que abrir un periódico para darnos cuenta de ello: conflictos bélicos, agresiones, situación política…son grandes temas que está en manos de toda una sociedad que debe ir solucionando.

Pero, ¿cómo lo hacemos cuando se trata de nosotros mismos, de nuestros sentimientos y de nuestro entorno más cercano?, ¿qué pasa cuando discutir se hace ley en nuestro día a día y empezamos a ver que nos es un modo de vida sano?

Discutir es sano, intercambiar opiniones e incluso defender nuestras ideas o creencias es necesario, por medio de ese proceso reafirmamos nuestra personalidad y el carácter de cada cual, pero no es válido cuando se hace a costa de los demás o de hacer daño.

PAUTAS PARA DISCUTIR CON RESPETO Y DE FORMA SANA

Creemos desde Centro Psicobil que la respuesta está en aprender a discutir y en introducir en la ecuación factores como:

-Elegir el momento oportuno y el lugar adecuado.

-Estar calmado para afrontar la conversación: respiraciones profundas y control de la rabia/ira.

-Cuidar el tono de voz y no usar palabras hirientes.

-Hacer preguntas abiertas para que el otro se puede expresar: “qué”, “por qué”, “cuándo” y “cómo”.

-Centrarnos en el tema de discusión y no mezclar con otros.

-Poner en marcha la escucha activa: Cuando alguien está hablando, centrar toda la atención en lo que dice la persona.

-Buscar acuerdos y soluciones que nos acerquen.

En ocasiones acudir a un psicólogo cuando detectamos dificultades en nosotros para gestionar discusiones, nos ayudará a sentirnos mejor personalmente y a su vez, mejor con nuestro entorno. Conseguiremos establecer relaciones más satisfactorias y que no estén basadas en aspectos negativos haciendo que, en caso de darse una discusión, se desarrolle en una dinámica positiva que deje fuera los reproches a los que tanto solemos recurrir tanto en el entorno familiar, laboral como de amistades cuando discutir se hace norma.

Y, ¿qué hay de nosotros mismos? el primer paso es perdonarnos por todas aquellas acciones ya realizadas que no podemos deshacer. Y centrarnos en el aquí y ahora, analizar nuestra gestión del enfado y empezar a realizar cambios en nosotros mismos.

Lo más importante es recordar que discutir puede hacernos crecer pero siempre en un marco de respeto hacia el otro.

Y tú, ¿Por qué discutes?

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