VERANO y AMOR: ¿a cualquier edad?

Llega el verano, y segun la creencia popular posiblemente, llega ‘la mejor época del año para el amor‘.

El calor, el tiempo libre, la mayor predisposición a salir todo ello propicia que conozcamos a nuevas personas o que veamos en los conocidos una chispa que antes no habíamos advertido.

Además, este año tras más de tres meses de pandemia por Coronavirus, las ganas de relacionarse han aumentado. Este tiempo de confinamiento, ha dado para mucho: mientras unas parejas se unían más en la distancia, otras optaban por separarse y recurrir, en caso dado, al divorcio. Al parecer, el estar tantas horas confinados en casa nos ha vuelto más exigentes, tenemos las ideas más claras y tenemos unas preferencias frente a otras.

Por lo general, solemos enamorarnos cuando emocionalmente estamos más positivos y en verano-vacaciones suelen darse varias circunstancias que nos llevan a estarlo: tiempo libre, relax, el clima, las salidas nocturnas… incluso nuestra forma de vestir y el color de nuestra piel nos ayuda a estar más seguros de nosotros mismos y, por lo tanto, más propensos a sentir que nos ven atractivos, ¿Y la intensidad? ¿A qué se debe?….

El amor es un sentimiento complejo, que abarca múltiples aspectos de la conducta y las emociones humanas y que por tanto se ve determinado por un buen número de variables (biológicas, sociales, culturales, psicológicas, religiosas…).

CEREBRO Y AMOR

Hasta hace tan solo unos años se trataba el amor como una emoción, pero a pesar de que en momentos puntuales pueda parecerlo, tiene muchas características que lo diferencian de éstas (las emociones). 

A raíz de las estudios de Helen Fisher, una antropóloga, bióloga e investigadora del comportamiento humano, la comunidad científica dió más peso a la idea: de que el amor es un impulso y una motivación, puesto que los resultados de su investigación confirmaron que se activan dos importantes áreas relacionadas con las conductas motivantes: el núcleo caudado y el área tegmental ventral (ATV), ambas regiones muy inervadas por neuronas dopaminérgicas y relacionadas con la repetición de conductas placenteras como el sexo o las drogas.

Pero la complejidad del amor no se limita a estas dos áreas del cerebro. Según las conclusiones de un estudio dirigido por Stephanie Ortigue, de la Universidad de Syracuse (Nueva York) y publicado en la revista Journal of Sexual Medicine, se activan hasta 12 áreas del cerebro que trabajan conjuntamente para liberar las sustancias químicas como la dopamina, la oxitocina, la vasopresina, la noradrenalina o la serotonina.

El amor modifica nuestro cerebro e induce a cambios en nuestro sistema nervioso central, pues activa un proceso bioquímico que se inicia en el córtex, da lugar a respuestas fisiológicas intensas y produce una gran sensación de euforia (similar al de algunas drogas como la cocaína), aunque también tiene un efecto sobre las áreas intelectuales del cerebro y puede afectar a nuestros pensamientos. Dicho de otro modo, cuando no enamoramos… ¡estamos drogados!

  • Esta misma investigación comprobó que, dependiendo de los diferentes tipos de amor, se activan diferentes zonas relacionadas con el sistema de recompensa (en la que se encuentra el área tegmental ventral) y algunas funciones cognitivas superiores.

No cualquiera puede hacernos sentir esta mágica sensación, pero cuando el enamoramiento ocurre, entonces, y solo entonces, la cascada de neuroquímicos del enamoramiento estalla para cambiar nuestra percepción del mundo.

Los neuroquímicos del amor ejercen una gran influencia sobre la conducta del enamorado, pero no podemos olvidar que los factores sociales, culturales y la educación juegan un papel importante a la hora de enamorarnos. La cultura define muchas veces nuestros gustos a la hora de encontrar pareja, y la elección y la atracción suelen encajar con nuestros esquemas mentales y nuestra idea del mundo y de la vida.

Y aqui es donde aparece la edad…..

A lo largo de los años, se han llevado a cabo multitud de estudios para saber más sobre este fenómeno. Algunos estudios han aportado datos muy interesantes y otros han mostrado resultados sorprendentes e incluso polémicos. ¿Tiene edad el amor? ¿Cúal es la mejor edad para contraer matrimonio? ….. lo cierto es que los resultados no son significativos ni tenidos en cuenta por la comunidad científica.

El amor va de sentir y conectar con el otr@. Y cuando eso sucede, surje.

Los seres humanos somos una especie vincular y social. Favorecer los afectos sexuales (deseo, atracción y enamoramiento) y los sociales (apego, amistad y cuidados) es fundamental.

No hay fonteras para el amor.

Como sucede en la juventud, el amor puede surgir en cualquier lugar, pero lo más frecuente es dentro del vínculo social donde nos movemos, como pueden ser el trabajo, los cursos o talleres a los que nos inscribamos, centros deportivos, redes sociales, apps de ligar, a través de conocidos o en excursiones para mayores….donde es frecuente que surjan nuevas amistades especiales.

No existe una edad en la que sea más complicado encontrar el amor, pero sí que va ligada a la experiencia en este caso porque parece ser que nos volvemos más exigentes con el tiempo… Parece que les cuesta mucho más ligar y encontrar pareja estable a aquellas personas entre 45 y 55 años. Es una franja complicada porque hay muchos prejuicios en la sociedad y existe la creencia de que con esos años hay que tener todo resuelto, cuando mucha gente lo que hace es comenzar una nueva vida, emprender…

QUÉ LE PEDIMOS AL AMOR SEGÚN NUESTRA EDAD:

A los quince años: no sé lo que quiero, pero lo quiero ya.

  • Alrededor de los doce años aparece el desarrrollo hormonal femenino y masculino y con él, comienzan las primeras atracciomes.

Según la ciencia a los catorce (aunque cada vez lo vemos antes en consulta) aparecen las pataletas con los padres y complicados conflictos con el otro sexo. Es como subirse a una montaña rusa emocional. No tenemos ni idea de lo que queremos, debido al grado de confusión existente.

Entender el amor en la adolescencia requiere de comprender que el adolescente es una caldera emocional en la que el principal combustible -mucho más que los padres, los amigos o los estudios y todas las cosas que le interesan en general- es la atracción sexual.

La cuestión es que los adolescentes carecen de habilidades sociales avanzadas y no pueden controlar sus emociones, lo que no son buenas noticias a la hora de mantener una relación y puede hacerlas realmente difícil. Entonces ¿por qué las buscamos? Porque son divertidas, nos entretienen, nos hacen compañía y además nos permiten practicar a la hora de manejar nuestras emociones.

El doctor Reed Larson de la Universidad de Illinois ha estudiado en profundidad el mundo del amor adolescente y una de las primeras cosas que confirman sus estudios es que las adolescentes pueden ser felices o muy infelices, a unos niveles infinitamente superiores a los de los adultos. Especialmente si esa emoción está asociada al amor. Y es que en palabras de este profesional se necesita tiempo para que una chica descubra que una relación es algo más que un loco flechazo o una atracción irresistible, es una entidad en la que las personalidades de dos personas trabajan juntas.

Y mientras tanto… practicamos sexo. Según el estudio Hábitos de vida y salud en los adolescentes, la sexualidad de los jóvenes forma parte de la amistad, un intercam­bio divertido y ocasional entre amigos. Algo que hay que hacer para pasarlo bien, pero que no está libre de la presión de pertenecer a una pandilla, porque es también algo a lo que hay que supeditarse para ser aceptado.

A los veinte años: busco experiencia pero encuentro experimentación.

  • Suelen ser las chicas las que han esperado hasta esta década para buscar pareja y, ojo, perder su virginidad, las que están mejor educadas, tienen mejores trabajos y consiguen al final mejores relaciones. Suena muy conservador, ¿verdad?

Son las sextimentales.

Gozan de más libertad que nunca, en un mundo plural, cambiante y dominado por la tecnología… y su concepción del amor va en paralelo a todos estos continuos cambios. Prima huir de las complicaciones, el sexo sin compromiso, la fiesta, el no comerse la cabeza, el hacer zapping en las relaciones,…

En el fondo todo forma parte de un proceso de autoconocimiento. A esa edad ya se han vivido varias experien­cias sexuales y amorosas que van influyendo y configurando el concepto sobre uno mismo y también la idea de cómo es el mundo de la pareja. En muchos casos, las primeras relaciones dejan un poso de frustración, de inseguridad y de falta de autoestima que se arrastra.

Pero los veinte no son sólo la etapa de libertad y frenesí que nos imaginamos por esa razón.Según un estudio también se trata de una década marcada por terribles inseguridades en torno a nuestra autoestima y confianza sexual.

Al cumplir los veinticinco pasamos por nuestro momento personal más bajo, con nuestra confianza por los suelos, demasiado pendientes de conseguir el cuerpo perfecto o comparándonos con las acrobacias sexuales que pensamos que hacen las demás. Este estudio también hace hincapié en lo muchísimo que nos afecta el estrés a la hora de afrontar una relación sexual, especialmente en el caso de la mujer heterosexual aparece la preocupación por quedarse embarazadas por accidente o por contagiarse de una enfermedad sexual.

Hasta que llegan los 27. Hasta ese momento y según un estudio realizado por la compañía Opera North nos podemos haber enamorado unas cuatro veces de media. Pero lo que realmente queremos ya es estabilidad, una pareja estable, un hogar y la posibilidad de poder planificar vacaciones juntos. Ese estudio también llega a la conclusión de que el 33% de las mujeres encuentra su primera relación seria y estable a la edad de veintisiete años.

A los treinta años: quiero disfrutar de mi mejor momento.

  • La ciencia ha determinado que a los treinta y cuatro años estarás en tu mejor momento sexual y personal. Los treinta son la década de la realización personal y profesional. También el momento de conocerse a un@ mism@, ser más realista, prestar más atención a las emociones y estar abierto a aprender o a cambiar lo que sea necesario. Y eso también afecta a nuestra forma de ver el amor.

Probablemente en esta década se consiga estar viviendo con una pareja estable y llegar hasta dónde querías en tu trabajo. Viajarás. Conocerás mundo. Te sentirás bien en tu piel.

Comienza una búsqueda más real de la pareja definitiva. No es que olvidemos el romanticismo o la espontaneidad, pero también valoramos aspectos más prácticos de cara al futuro y a formar una familia (el popular “reloj biológico”).

A los cuarenta: tengo ganas de comenzar desde el principio.

  • La edad media en nuestro país para que se porduzcan separaciones y divorcios, ronda los 42 años. Sí, con los cuarenta llega también las ganas de comenzar de nuevo y darle una nueva oportunidad a nuevas relaciones.

Y, qué curioso, también en esta década en la que la confianza en uno mismo parece una cosa de la juventud, pero según un estudio realizado en el año 2014, las mujeres entrevistadas se sentían mejor y más seguras de ellas mismas ahora que estaban llegando a los cincuenta que cuando tenían veinte años. Y hasta un 36% se sentía más guapa y en forma que nunca.

A partir de los cincuenta: nunca es tarde para decir “Sí, quiero”.

A esta edad solemos estar más segur@s de lo que realmente quieres hacer con la vida, te sientes más segur@ en el trabajo y en tus relaciones.

Se tiene más tiempo para relajarse, no hay embarazos inesperados de los que preocuparse. Diversos estudios nos arrojan estos datos:

-Hasta el 37% de las parejas maduras, tienen mayor frecuencia en sus relaciones sexuales.

– Un 10% de los solteros de más de sesenta y cinco años estaba más que dispuesto a embarcarse en una relación a su edad.

-Y hasta un 12% confesó que estaba deseando probar cosas nuevas con su pareja de siempre.

-El número de parejas prometidas con más de sesenta y cinco años ha crecido en los últimos tiempos hasta un 21%.

La conclusión es que con más de sesenta años seguimos creyendo en el amor y nos sentimos más libres que nunca para rehacer nuestras vidas.

Como vemos, el amor no tiene edad, se puede producir varias veces a lo largo del ciclo vital de la persona, y aunque en cada momento tiene una serie de caracteristicas propias, la realidad es que siempre sentirlo es un gran relago, quizás el mejor de la vida.

¡Vivid mucho y amad bien!

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