PERSONALIDAD SUMISA

Muchas veces oímos a la gente comentar sobre otros: “tiene mucha personalidad”, o “le falta personalidad”. Pero, ¿sabemos qué es realmente la personalidad? Primero de todo deberemos diferenciar entre el hecho de tener mucho carácter y lo que realmente es la personalidad.

La amabilidad y la empatía son características que valoramos positivamente en los demás, pero si estas son llevadas al extremo, se puede caer en una actitud crónicamente sumisa.

Y es que lo útil o problemático de ciertas características psicológicas depende también de lo que suponen a la hora de relacionarse con los demás. Nuestro bienestar no emana simplemente de nosotros hacia el exterior, sino que también tiene que ver con los efectos que nuestras actitudes tienen en los demás y en cómo estas nos afectan.

¿Qué es la personalidad sumisa: cómo es y qué la caracteriza?

Los rasgos de personalidad de tipo sumiso son un conjunto de predisposiciones psicológicas que llevan a quienes las desarrollan a asumir un rol subalterno, en el que es otro u otra quien da las órdenes y decide qué hacer, en última instancia.

Para hablar de personalidad sumisa, este tipo de comportamientos deben darse también en relaciones personales en las que no hay una jerarquía oficial o explícita: por ejemplo, en una relación de amistad o en un matrimonio.

Por otro lado, tener un tipo de personalidad sumisa no es incompatible con mostrarse dominante con determinadas personas o en determinados contextos; simplemente se trata de una tendencia general. Eso sí, estos casos en los que la persona toma un rol protagonista o de liderazgo deben ser menos frecuentes que aquellos en los que manifiesta sumisión.

Además, no hay que olvidar que el hecho de que se pueda hablar de un tipo de personalidad sumisa no significa que esta característica resuma en su globalidad la manera de ser de un individuo.

De hecho, es posible que este aspecto de su personalidad destaque mucho menos que otros rasgos de su manera de ser. Por otro lado, la personalidad es hasta cierto punto flexible y cambiante, si bien en comparación con otros conjuntos de rasgos psicológicos se muestra relativamente estable con el paso de los años.

¿Cuáles son las características de la personalidad sumisa?

Aquí veremos cuáles son los aspectos psicológicos que se dan en la manera de ser y de comportarse de quienes presentan personalidad sumisa. Sin embargo, no hay que olvidar que estos rasgos psicológicos no son estáticos, y quienes los tienen no están condenados a manifestarlos una y otra vez, dado que pueden ir cambiando con el tiempo: constituyen una serie de predisposiciones que pueden intensificarse o debilitarse con el paso de los años. Sin embargo, no es frecuente que estas formas de personalidad cambien radicalmente en poco tiempo (semanas) a no ser que existan psicopatologías que alteren el funcionamiento del cerebro.

Por otro lado, tampoco hay que olvidar que los rasgos de personalidad asociados al comportamiento sumiso aparecen en las relaciones personales; es decir, que no es un fenómeno enteramente individual, sino que aparece en la interacción con el entorno y con los demás. Por eso, el contexto siempre debe ser tenido en cuenta.

1. Poca tendencia a expresar sus deseos

Los individuos que tienden a la personalidad sumisa hablan relativamente poco acerca de lo que les gustaría o de lo que tienen ganas de hacer si estas actividades involucran la conformidad de terceras personas. Esto es así porque prefieren no exponerse a situaciones en las que los demás se nieguen a colaborar, dado que en casos así saben que deberían asumir la situación sin quejarse demasiado.

2. Clara falta de asertividad

La personalidad sumisa va asociada a una falta de asertividad, es decir, la tendencia a no decir aquello que se piensa y se cree que sería importante decir pero que, quizás, puede molestar a quien escucha. Por eso, quienes presentan este tipo de personalidad suelen “morderse la lengua” más de lo habitual.

3. Tendencia a evitar la confrontación directa

Incluso en los momentos en los que sienten que están siendo tratadas de manera injusta, quienes presentan personalidad sumisa tienden a evitar la confrontación directa con los individuos que les atacan. En todo caso, mostrarán un comportamiento pasivo-agresivo, en el que se mezcla una actitud de enfado y frustración y, a la vez, acciones de conformidad con lo que quiere la otra persona.

4. Vulnerabilidad a las relaciones de dependencia emocional

En las relaciones afectivas o amorosas, las personas con un elevado nivel de personalidad sumisa son más proclives a desarrollar dependencia emocional. Es decir, que van asumiendo que difícilmente podrían vivir sin la presencia de la otra persona, por lo que deben ir realizando sacrificios contantes para mantener esa relación.

¿Tiene consecuencias en su bienestar? 

  •  Por supuesto. “Cuando una persona no da importancia a sus necesidades y puntos de vista es difícil que los desarrolles y satisfaga, y eso puede acabar desembocando en relaciones tóxicas y en conductas de riesgo ocasionadas por no valorar como se merece el propio bienestar o integridad”, alerta el psicólogo.
  • Además, cuanto más sumisamente nos comportamos más reforzamos un estado vital de indefensión y desesperanza, así como de poca valía propia: cada vez que claudicamos innecesariamente reforzamos en nuestro interior la idea de que no somos importantes, de que no se nos debe respetar, o bien que los demás son personas desconsideradas y egoístas que se comen todo nuestro espacio. El estado de ánimo de la persona, por tanto, puede llegar a quedar bastante afectado. 

Cómo ayudar a una persona sumisa a que deje de serlo

Si detectamos qu ealguien de nuestro entorno tiene este tipo de personaldiad, podemos contribuir a que eso cambie, si esa persona lo desea. Estos consejos también nos pueden ser muy útiles si detectamos que lo somos: 

  • Ayudarla a detectar qué piensa, siente, necesita y le gusta, si es que no lo tiene muy claro. A menudo es más fácil imitar lo que hace el otro para no pensar o no tener que decidir qué quiero yo o no enfrentarme a la responsabilidad de hacerlo. Si esto se hace muy intenso, la persona literalmente no sabe qué opina o qué quiere, así que debe entrenarlo.
  • Darle espacio para expresarlo. No avasallar. Interesarnos por ella. Preguntarle qué piensa de las cosas y qué le apetece hacer, escucharla, apoyarla, reforzar aquellas posturas en las que coincidimos con ella para que sepa que lo que le ocurre o quiere tiene un valor y que a veces es una experiencia compartida con nosotros. 
  • Manifestarle que puede estar en desacuerdo con nosotros pero que eso no influye en nuestro afecto hacia ella. En la raíz de la sumisión está el miedo a no ser aceptado si me manifiesto tal cual soy o si me muestro en desacuerdo con lo que alguien quiere. La persona sumisa necesita reforzar una suficiente experiencia de incondicionalidad en los afectos. 
  • Ofrecerle modelos de asertividad que amplíen sus habilidades sociales y comunicativas. Esto se hace cuando educamos a los niños y adolescentes y les enseñamos cómo ir a compar, cómo pedir las cosas, cómo disculparse, cómo realizar una gestión, etc. Podemos adaptar esto también a un adulto, sin infantilizarle pero sí a un nivel tan básico como sea necesario. Se trata de darles herramientas que complementen el imprescindible trabajo de fondo que hay que hacer a nivel psicológico. 
  • Sugerirle que sería interesante hablar con un psicólogo, si tenemos la confianza suficiente con esa persona y si detectamos que su patrón de conducta afecta negativamente a su bienestar de una manera significativa, ya que puede ayudarle a ver qué está ocurriendo, por qué y cómo empezar a modificarlo paso a paso. 

CONCLUSIONES Y TRASTORNOS

La personalidad se refiere al patrón de pensamientos, sentimientos, ajustes sociales y comportamientos exhibidos consistentemente a lo largo del tiempo que influye fuertemente en las expectativas, autopercepciones, valores y actitudes de uno. La personalidad también predice las reacciones humanas a otras personas, problemas y estrés.

Por otro lado, refleja la influencia en la conducta de elementos psicológicos y biológicos de las experiencias. La finalidad de la personalidad es la adaptación exitosa del individuo al entorno.

Trastornos de personalidad

Cuando los rasgos de la persona son extremos, disfuncionales, normativamente desviados o desadaptativos, se considera que la persona tiene un trastorno de la personalidad (siempre deberán consultarse los criterios diagnósticos de los manuales de referencia).

Estos rasgos deberán ser estables en el tiempo, así como predominantes; además, suelen generar malestar en la persona.

En el DSM-IV-TR (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) se describen y caracterizan un total de 10 Trastornos de la Personalidad. Si tienes alguna duda o preocupación respecto a este tema, no dudes en consultarnos.