RUPTURA AMOROSA: cuando el dolor lo invade todo

Cuando una relación se termina, dejar ir a la persona a la que has querido tanto y a la que te une un lazo de cariño, vivencias, amor, historias, es tan difícil… como necesario.

El vacío deja un enorme hueco y la pregunta es cómo dejar ir a esa persona que se ha ido pero que se lleva un trozo de ti.

El resentimiento, enfado y rabia, que sientes cuando te dejan te atan tan fuerte a esa persona que a veces no puedes soltar. Y aunque soltar duele, sostener lo insostenible duele mucho más.

Pero ¿cómo hacerlo? El primer paso “es aceptar la situación”, para después “trabajar de manera consciente el resentimiento, el enfado, la rabia o cualquier emoción que te ate”.

Sólo cuando hemos aceptado la situación y hemos trabajado las emociones que te atan a la anterior situación, estás preparado para perdonar y perdonarte. Y es en ese momento cuando empieza tu nueva vida.

CÓMO SOPORTAR LA ANGUSTIA

No todas las personas reaccionan igual ante la ruptura amorosa.

Pensar que nuestro mundo se ha vuelto confuso e inseguro, que tenemos sentimientos y emociones encontradas, que sentimos rabia, cólera y tristeza a la vez, es normal en estas circunstancias.

  • Deja que tus emociones fluyan, acéptalas, son propias del duelo. La rabia, la tristeza, el desconcierto, la impotencia…son emociones naturales que así como aparecen también se agotan y desaparecen. Son parte de nuestro dolor. Si nos oponemos a ellas van a aparecer con más intensidad y el dolor será más agudo.
  • Siente tus emociones como algo desagradable que tiene que suceder. Acéptalas como parte de tu dolor.
  • Comparte tu dolor con libertad y amor. Pon tu confianza en familiares, en amigos de confianza, en personas que te escuchen, te comprendan y te apoyen.
  • Disimular nuestro dolor no es bueno. No permite la comunicación con otros que nos pueden acompañar y aliviar nuestro dolor.

No dudes en utilizar formas paras descargar tu angustia, tu estrés, con ejercicios físicos, relajación, pasatiempos, deportes… Recupera las actividades que antes te agradaban.

El fin es reconstruirse, volver a vivir con plenitud.

Neutraliza esa carga pesada que es la culpa y el rencor

El despecho es el shock, el dolor por la herida que nos causa la ruptura o la separación del ser amado.

En toda situación adversa que causa pena y dolor, están presentes tres elementos:

  • La herida o daño o perjuicio causado por la ruptura o separación.
  • La deuda, dolor o sentimientos (ira, frustración, amargura, odio, rencor, culpa, despecho) que acompañan el recuerdo de la experiencia y que nos engancha emocionalmente al que nos causó la herida.
  • La anulación de la deuda o liberación, que viene de la satisfacción, reparación, reconciliación, devolución o el olvido y el perdón.

Una separación es agotadora

Las primeras semanas son extenuantes, porque una separación es un cambio y supone un gran esfuerzo: “hacerla de facto, organizar la casa, los niños si los hay, contárselo a la familia y a los amigos, reorganizar la logística…”. Cuando esa actividad termina y aceptan la situación las personas se dan cuenta del agotamiento y el dolor y piden ayuda porque quieren sentirse bien emocionalmente.

Es frecuente, que haya una pérdida de autoestima que, normalmente, proviene de antes de la ruptura.

En ocasiones las personas pierden la confianza y sienten que no volverán a conquistar. De alguna forma, se autocastigan y es frecuente negar el dolor de fondo. Además, en ocasiones las familias pueden potenciar la sensación de malestar, culpa o vergüenza.

A veces, no rompemos una relación por el sentido de la responsabilidad o miedo al fracaso: “dejamos de ser nosotros, para adaptarnos a las necesidades del otro y nos olvidamos de nuestras propias necesidades. Sentimos una culpa absurda”. Por eso hay que trabajar en el autoconocimiento, porque “la separación hace que tu identidad se tambalee. Esto, bien gestionado, es una oportunidad para crecer”.

Aceptar, sentir el dolor, liberar la carga emocional, saber quién eres y cómo quieres vivir son los pasos que llevan a “perdonarse”. A partir de ahí, hay que “pasar a la acción y vivir la nueva realidad”, algo que debemos hacer sin miedo, sin retrasos y sin excusas, que no dejan de ser otra forma de autocastigo, por ejemplo cuando decimos que todavía es pronto. Tu identidad puede funcionar de otra forma, pero necesita práctica y el abandono de patrones tóxicos.

El perdón

Transformar el recuerdo significa recordar y contemplar los hechos a distancia, neutralizando las emociones, colocándonos inclusive, en el lugar de la otra persona, sin juzgar, sin criticar, sin comparar, sin compadecerse, sin pena ni culpas, eliminando toda emoción anidada en nuestro recuerdo y que ha determinado la forma como hemos percibido la experiencia, para así estar en capacidad de perdonar.

  • Perdonar es liberar de la deuda o neutralizar (olvidar) las emociones ligadas al recuerdo de la experiencia o de aquel que nos causó el dolor. Sin embargo, el perdonar no borra el daño, no elimina de responsabilidad. Perdonar es un proceso complejo que solo nosotros mismos podemos hacer.
  • Perdonar no es aceptar pasivamente la situación, dejar hacer a la otra persona o culparnos por la situación.
  • Perdonar no es olvidar o negar la situación y dejar que el tiempo se hagan cargo. Tampoco es culpar a otros, a las circunstancias o al destino.
  • Perdonar no es justificar, entender o explicar por qué la persona actúa o actuó de esa manera.
  • Perdonar no es esperar por la restitución, por una satisfacción, por alguna explicación a los motivos que tuvo la otra persona para dejar la relación.
  • Perdonar no es obligar al otro a que acepte tu perdón o decirle «te perdono» para hacerlo sentir «humillado» . Tampoco es buscar u obligar a la reconciliación.
  • Perdonar es, en primer lugar, reconocer nuestros errores y perdonarnos a nosotros mismos. Esto es, aceptar lo que no podemos cambiar, cambiar lo que podemos y aprender a establecer diferencias, sin remordimientos, sin culpas, sin odios ni rencores.
  • Perdonar es buscar la solución a los conflictos, apartando de nosotros, todo sentimiento negativo como el rencor, odio, culpa, rechazo, deseos de venganza, pues son sentimientos inútiles que esclavizan y crean mayor frustración, mayor desesperanza.

Cuando no perdonamos no tenemos energia ni calma.

Nos volvemos impacientes, poco amables, nos enojamos fácilmente causando rivalidades, divisiones, partidismos, envidias.

Cuando no perdonamos, nuestras ideas y pensamientos se vuelven destructivos, pesimistas, erróneos; perdemos la confianza y respeto por nosotros mismos, desarrollamos conductas que crean mayores conflictos y nuestro modo de vida y nuestras relaciones con los demás, quedan afectadas.

Cuando no perdonamos estamos permitiendo que nuestra salud, nuestro crecimiento personal, nuestro desarrollo y nuestra vida, esté gobernada por la decisión y la conducta de alguien que nos dejó y que decidió por la separación.

Olvidar y perdonar nos permite en primer lugar, controlar nuestras emociones y reacciones. Eleva la autoestima, nos da mayor seguridad y confianza. Facilita la recuperación de la habilidad para aprender, discriminar y seleccionar nuestras respuestas ante situaciones futuras. Aprendemos además, a actuar con madurez y sabiduría frente a la adversidad.

Olvidar, perdonar y perdonarnos, aunque doloroso, es deshacernos de la pesada carga de la culpabilidad, la amargura, la ira que nos embarga cuando nos sentimos heridos. Es abrir caminos hacia la esperanza de nuevas oportunidades. Es crecer y desarrollarnos como personas positivas, libres para vivir en paz y armonía con nosotros mismos y con los demás.