¿VIVES LAS NAVIDADES COMO QUIERES?

GUIA EMOCIONAL para la NAVIDAD

Calles iluminadas en ciudades y pueblos, escaparates de comercios decorados oportunamente con motivos navideños, mercados temáticos, villancicos como bandas sonoras, anuncios de juguetes o ayudantes de Papa Noel, recuerdan insistentemente que la Navidad está cada vez más cerca.

Son algunos de los elementos característicos de esta época que disparan nuestras emociones y nos provocan unas sensaciones poco unificadas, instaladas permanentemente en una diversidad de estados de ánimo que van desde el odio, la ilusión, la tristeza, la alegría o la magia, al aburrimiento o la resignación, entre muchos otros.

Cada familia o cada individuo vive la Navidad de diferente modo, según sus convicciones, experiencias recientes, relaciones familiares o los obstáculos vitales que se ha encontrado por el camino.

Lo que para unos pueden ser días plagados de diversión, felicidad, alegría u optimismo, para otros sólo son momentos de nostalgia, tristeza, aburrimiento o mucho dolor.

No existe ningún manual objetivo que sirva para todos, pero sí que hay una serie de consejos a tener en cuenta para que canciones como Noche de paz o Dulce Navidad no se queden sólo en el título.

Pensar que hay que vivir la Navidad desde una posición de diversión y de alegría es absolutamente ficticio porque cada persona tiene su momento vital y es imposible controlarlo.

Son muchas las personas que no soportan la presión social de tener que vivir unas determinadas fiestas con un estado de ánimo concreto, algo que se acaba traduciendo en una pérdida más exacerbada de la ilusión o en el aumento del estrés y las emociones más negativas.

¿Que cada uno viva las fiestas como quiera?

Es importante “aceptar la forma que tiene cada uno de vivir la Navidad y tener muy presente que cada persona la encarará de diferente manera”.

  • Es imposible que alguien que ha tenido una pérdida reciente viva con intensidad estas fiestas, y achaca la obsesión de ser feliz durante la Navidad a un factor social: “Parece que exista la obligación de que durante un periodo de fiestas lo tenemos que pasar bien, y no es así. Cada uno tiene que hacer lo que sienta, y los demás deberíamos aceptarlo exquisitamente”, señala; para concluir que “si alguien te dice que no está de humor para acudir a una celebración no hay que tomárselo como una ofensa o falta de respeto, sino aceptar que aquella persona necesita otras sensaciones”.
  • Hay gente a la que no le gusta la Navidad “porque supone una carga extra de trabajo” y proliferan “personas que se han acostumbrado a tener proyectos mucho más personales a la hora de buscar momentos lúdicos o disfrutar de la vida”.
  • A veces se relaciona la Navidad con el ciclo vital: “En la infancia solemos vivir, según el contexto o la sociedad, las fiestas como algo mágico, bonito y muy excitante. Cuando nos hacemos mayores tenemos más problemas y experimentamos pérdidas, por lo que nos cuesta más disfrutar de estas fiestas que vivimos como una carga u obligación, ya que asumimos que ese momento mágico no volverá a ser lo que era”.
  • También hay familias que viven un punto de inflexión: “La llegada de nuevos niños a una familia, ya sean sobrinos, hermanos, nietos o hijos, implica una segunda oportunidad para vivir las fiestas con la misma ilusión que tienen los más pequeños; es como si la Navidad adquiriera sentido y se volviera a poner en marcha un nuevo ciclo de vida”.

¿La ilusión por encima de la obligación?

La Navidad es posiblemente la época del año con mayor carga emocional.

Las emociones que genera la Navidad y el cambio de año son variadas y, muchas veces, contradictorias.

Sentimos desde ilusión y alegría hasta tristeza y añoranza.

Son muchas las reuniones sociales y familiares que nos pueden hacer tanto disfrutar como reencontrarnos con seres queridos. Estas mismas reuniones nos llevan a cometer excesos, ya sea comiendo, bebiendo o trasnochando.

Otras veces, las reuniones nos traen al recuerdo de manera especial personas que ya no están, a las que tanto hemos echado de menos el resto del año.

Todas estas intensas emociones tienen lugar en un periodo de tiempo de tan solo dos semanas. Aunque a muchas personas se les pueden hacer muy largas, para la mayoría las Navidades pasan muy deprisa. Para los primeros puede resultar un alivio ver que ya han terminado; mientras que para los segundos hubieran deseado que se prolongara otras dos semanas más.

EMOCIONES Y SENTIMIENTOS FRECUENTES de la NAVIDAD

Ilusión

La ilusión es la palabra que mejor define la cara de los niños cuando ven una imagen de Papá Noël, abren un regalo que les han traído los Reyes o pasean con sus abuelos por las calles iluminadas con los colores de la Navidad. Los niños son capaces de contagiar esa ilusión a todos los adultos que los rodean.

“Los niños en Navidad nos contagian a los adultos de ilusión.”

También muchos adultos viven con ilusión estos días, ya sea por su sentimiento religioso, por sus recuerdos de la infancia o por el deseo de reunirse con amigos y familiares en los días navideños.

Añoranza

Los niños desprenden ilusión, pero también verlos nos hace añorar aquellos años en los que disfrutábamos como ellos. Seguramente, a lo largo de las Navidades hayamos recordado escenas de nuestra infancia que nos encantaría poder revivir. Es muy posible que algunas de las escenas tuvieran por protagonistas personas que ya no están con nosotros. Personas que, si bien no olvidamos, en Navidad las recordamos aún más.

Amor

Donde hay añoranza seguramente algún día hubo amor. Las personas que más añoramos son aquellas que más han significado en nuestras vidas y a quienes hemos querido.

Tristeza

El duelo por la pérdida de lo amado nos trae la tristeza. Tristeza por ver que el tiempo pasa, que la vida es limitada, que ha pasado otro año más o que no volveremos a ver a tal persona. Un año termina y empieza otro nuevo.

Esperanza

Para muchos adultos, esta es la luz que más brilla en la Navidad: esperanza por emprender y lograr algún proyecto, personal o profesional. Esperanza por mejorar la salud. La esperanza es ilusión, y la ilusión nos hace sentir vivos y que cada día tenga su propio sentido.

Culpa

Las celebraciones navideñas nos llevan a cometer excesos. Comemos más de lo que necesitamos, bebemos alcohol, trasnochamos y gastamos mucho dinero. La culpa por estos excesos y, quizás, por no haber logrado nuestros objetivos a lo largo del año, puede haceros reflexionar y modificar nuestra consciencia de manera que nos ayude a establecer nuevos propósitos para el nuevo año.

Felicidad

Felicitamos las Navidades porque esperamos que estas estén llenas de alegría y felicidad. Reencontrarnos con un hermano que vive fuera o juntarse con los amigos del colegio es, sin duda, motivo de alegría. La Navidad no sería tal sin felicidad.

Vergüenza

Habrá muchas personas que se pregunten dónde cabe la vergüenza en un periodo de fiestas. Hay personas que por su situación económica no puedan hacer regalos y, por ello, puedan sentir vergüenza, por ejemplo. Se puede sentir vergüenza al volver a ver a personas de las que hace tiempo no sabes nada, o al reencontrarte con personas a las que no has prestado mucha atención el resto del año.


IDEAS PARA GESTIONAR LAS EMOCIONES EN NAVIDAD

1. Intenta mantener tus rutinas. Aunque hagas cosas distintas y especiales y aunque tengamos celebraciones señaladas, es importante en la medida de lo posible mantener ciertas rutinas. Quitando los días señalados o el día que tengamos alguna actividad programada o celebración, mantenemos (más o menos) los horarios de ir a la cama, comidas, etc.

2. Expresa tus emociones y ayúdales a expresar las suyas. Las emociones son algo natural y forman parte de las personas. Es bueno expresarlas y poner nombre a lo que nos pasa por dentro.

3. Procura actividades que ayuden a todos a desconectar y relajarnos como paseos al aire libre, lecturas, ver una película.

4. Recuerda con alegría a los que nos están y ayuda a tus familiares a recordarlos así.

5. Presta atención a tu momento vital: qué sientes, qué necesitas… aceptalo y cuidate.

6. Aleja los pensamientos negativos de anticipación: apartar ideas que nos suman malestar, anticiparnos de forma negativa, incrementa nuestro nerviosismo.

7. Ten paciencia: contigo mismo y con los demás, cada uno lleva su gestión emocional como sabe y puede, sé generoso.


ACTITUD

Tenemos la capacidad de elegir cómo vivir estas fiestas: podemos continuar haciendo lo que año tras año hemos hecho y cruzar los dedos para que todo vaya bien, o podemos hacer cosas que nos encaminen a que haya pocas cosas que puedan hagan que la convivencia sea más difícil.

Sea como sea esperamos que siempre disfrutéis, porque el objetivo principal es hacerlo, ya sea en grupo, en familia, con amigos o a solas, siempre de forma elegida y con positividad.

Disfrutad, buscad el bienestar y que estos días estén llenos de ilusión y buenos deseos.