¿ME CUESTA RECONOCER MIS ERRORES?

Los errores son parte de la vida, nadie está completamente a salvo de ellos. De hecho, juegan un papel fundamental en lo referente al crecimiento personal humano.

Si no fuese por las equivocaciones que cometemos en ocasiones, no seríamos capaces de aprender de ellas para poder corregirlas más adelante.

¿Por qué tenemos esa rapidez y habilidad en detectar los errores de los demás y tan poca en reconocer los errores propios? Parece que nos falta tiempo en señalar los errores ajenos, quejarnos de ellos, incluso hacerlos públicos. ¿Será porque así nos sentimos mejores, superiores…?

A ninguna persona le resulta agradable recibir críticas, incluso aunque estas sean constructivas.

Nos duele, nos enfada y nos altera escuchar en boca de otros aquello que no hacemos del todo bien.

Nos cuesta reconocer los errores, pero es un ejercicio muy sano y necesario para nuestro crecimiento personal.

Reconocer nuestros errores y hacernos responsables de ellos mejorará tanto nuestro estado interno como nuestras relaciones personales. 

¿Qué son exactamente los errores?

El término error hace referencia a la acción de haber realizado algo de la manera indebida, o alguna acción imprudente que genera momentos incómodos.

Los errores tienen en común que son accidentales, involuntarios; es decir, no se podría cometer un error de manera voluntaria.

El otro aspecto común de los errores, y el más importante, es que detrás de cada uno de ellos se esconde la oportunidad de conseguir un valioso aprendizaje, internalizando el por qué nos hemos equivocado podremos crecer como personas y nutrirnos del error para no cometerlo nuevamente, en el futuro.

¿Por qué nos cuesta tanto reconocer los errores?

La educación recibida

La educación recibida por parte de nuestros padres, profesores y la sociedad en general nos puede llevar a desarrollar una seria dificultad a la hora de reconocer nuestros errores.

  • Si unos padres castigan de forma intensa el error, o se avergüenzan de su hijo o hija delante de los demás, o se ríen y se burlan de él o ella, en lugar de mostrar empatía, paciencia, comprensión y transmitirle confianza, ese niño o niña tendrá una mayor probabilidad de reaccionar con miedo, vergüenza o culpa ante el más mínimo error.
  • En ocasiones, esto llevará a la ocultación del error, la mentira o la culpabilización externa. Si el niño o la niña consigue así evitar el castigo o cualquier consecuencia negativa asociada al error, su conducta se verá reforzada y cada vez le resultará más difícil reconocer abiertamente sus errores.

Autoestima

Todos los seres humanos necesitamos tener una imagen positiva de nosotros mismos. Hemos de considerar que poseemos cualidades positivas y de valor, para poder encontrarnos en paz con lo que somos.

Nos negamos, muchas veces, a mirar nuestros defectos en un intento por preservar nuestra autoestima. Sin embargo, este mecanismo surge de un enfoque básico erróneo: cometer errores es malo.

Desde esta perspectiva es lógico y comprensible que mirar de frente a nuestros fallos nos genere rechazo. No obstante, la realidad es bien distinta: cometer errores es humano. Hacerlo no nos convierte en personas malas o indignas de cariño.

Nuestra autoestima no ha de estar basada en una imagen ficticia de nosotros como seres perfectos.

El amor propio significa conocernos y aceptarnos con todas nuestras cualidades, tanto positivas como negativas, y seguir trabajando en nosotros mismos.

Es por ello que las personas con una autoestima dañada son las que encuentran más dificultad en reconocer sus fallos. A pesar de que, en ocasiones, puedan exteriorizar una imagen casi narcisista, realmente no se aceptan. Quien se encuentra verdaderamente en paz consigo mismo no necesita adoptar ningún tipo de estrategia para negar sus faltas.

Perfeccionismo

El papel del perfeccionismo es también muy significativo en este asunto.

Los individuos con personalidades más rígidas muestran más reticencia a aceptar sus errores.

Además, también se muestran más duros a la hora de juzgar los fallos de los demás. Esto es debido a que, generalmente, observan la realidad desde una posición dicotómica: todo es blanco o negro, no existe una escala de grises. Para ellos cometer errores es algo totalmente indeseable, y dado que aspiran a la perfección no pueden asumir que esto ocurra.

En este caso es totalmente necesario flexibilizar los puntos de vista y comprender que aspirar a la perfección es algo agotador y poco realista.

Las personas no son completamente buenas o absolutamente malas, todos nos situamos en puntos intermedios del continuo. Además, dado que la vida viene sin manual de instrucciones, todos cometemos errores y tenemos derecho a hacerlo.

La necesidad de aprobación

La necesidad de aprobación y de pertenencia a un grupo, en términos evolutivos, es un factor muy adaptativo que nos puede servir de gran ayuda en momentos difíciles.

Esto nos lleva a veces a no reconocer nuestros errores abiertamente. No obstante, si condicionamos nuestra vida, nuestros hábitos, nuestras decisiones cotidianas para agradar a los demás, para que nos quieran y nos admiren, intentaremos no cometer errores o, si suceden, ocultarlos. Esto, a largo plazo, nos impide ser felices.

Muchas personas mantienen la creencia irracional de que todos deben aprobar, estar de acuerdo y apoyarles incondicionalmente y por ello sufren altos niveles de ansiedad, tristeza y frustración cuando cometen un error, por miedo a que los demás les juzguen o se enfaden.

Es imposible agradar a todo el mundo; aceptar que los demás tienen derecho a enfadarse o sentirse decepcionados por nuestro comportamiento es una reacción muy sana.

Reconocer los errores nos ayuda a crecer

Cuando alguien resalta algo negativo de nuestra persona, esto nos despierta intensos y desagradables sentimientos. Pero es necesario caer en la cuenta de que, si esto sucede, significa que hay partes de nosotros mismos que nos negamos a observar.

Cuando una crítica nos afecta es porque está tocando un punto de nosotros que necesita ser reflexionado.

Es momento de tomar las riendas y reunir la valentía para conocernos y mirarnos en profundidad. Una vez que te descubres y te aceptas, ninguna opinión ajena puede herirte.

Para ello es necesario que tengamos claras dos cosas:

  • Cometer errores es humano: Todas las personas fallan alguna vez y esto es algo normal. Es necesario aceptar esta realidad y dejar de juzgar y juzgarnos duramente.
  • Reconocer los errores es valiente: asumir nuestras faltas requiere el coraje de mirar de frente nuestras sombras más oscuras. Hacerlo es un ejercicio de humildad y un deseo genuino de mejorarnos a nosotros mismos.

No debemos culparnos por fallar en ciertos aspectos de nuestra vida, pero si hemos de hacernos responsables.

El desarrollo personal pasa inevitablemente por un proceso de introspección en el que descubrimos qué áreas requieren trabajo de nuestra parte. Reconocer nuestros errores nos hace más humanos y más humildes y nos permite mejorar.

Tratemos de darnos a nosotros mismos y a los demás la libertad de equivocarnos y aprender de los propios fallos. Seamos más flexibles, tolerantes y comprensivos. Nadie necesita ser perfecto para ser apreciado por las personas que le rodean.

Errar y asumir los errores es el único camino hacia la madurez emocional.

ENTRENAMOS: Estrategias para mejorar la aceptación de tus errores y equivocaciones.

  1. Márcate metas objetivamente alcanzables que incluyan la posibilidad de fallar o errar.
  2. En lugar de fijarte únicamente en lo negativo o el error, concédele mayor importancia al tiempo, esfuerzo y dedicación invertida.
  3. No compares tus errores con los de los demás.
  4. Si cometes un error es que te quedaba algo por aprender.
  5. En lugar de dudar tanto, sé valiente y atrévete a equivocarte y a reconocer tus errores abiertamente.
  6. Centra tu atención en lo que quieres conseguir y no en evitar los errores.
  7. Tienes derecho a equivocarte. Los errores pueden ser tus mejores profesores.
  8. Recuerda reforzarte positivamente por tus logros en lugar de castigarte o hablarte mal por tus errores o por lo que todavía no has conseguido.
  9. No sirve de nada culpar a los demás. Es importante responsabilizarte por la parte que te toca.
  10. Eres quien eres hoy por tus experiencias, por las consecuencias de tus equivocaciones que te han hecho más fuerte. Solo así podrás ser responsable de tus éxitos.

NO SOMOS NUESTROS ERRORES

Si piensas en las cinco personas más significativas de tu vida:

¿las quieres por el cargo que ocupan, por su cuerpo o el trabajo que desempeñan… o por cómo son?

¿Las quieres más porque ganan mucho dinero o son mejores o más hábiles que otras en el terreno deportivo, académico o laboral?

Valoramos más a aquellas personas que son generosas, que nos enseñan a través de sus actos, que saben escuchar, que nos contagian emociones positivas, que son responsables y se esfuerzan por conseguir sus sueños, que nos respetan y nos aceptan tal y como somos.

El amor tan incondicional que se puede sentir por un hijo o una hija no depende del éxito que tenga o de lo productivo o productiva que sea. De hecho, cuando las personas a las que más queremos sufren un fracaso, cuando cometen errores y se sienten tristes y culpables, ¿acaso no las queremos más si cabe y hacemos lo posible por ayudarlas?

Curiosamente, cuando una persona perfeccionista comete una equivocación, un error, o no consigue superar sus expectativas, reacciona de manera inversa.

En lugar de hablarse con calidez, comprensión y paciencia, suele “castigarse” o incluso insultarse constantemente utilizando un discurso interno bastante duro. Con ello, en lugar de conseguir mejorar, superarse, y aumentar su motivación, sin darse cuenta, está mermando sus capacidades cognitivas y físicas, y las emociones desagradables que sienten difícilmente favorecerán un mejor resultado.

Cometer errores es vivir, avanzar, crecer.