SUICIDIO Y ADOLESCENCIA

Si estás en una situación difícil, de la que no ves más salida que los pensamientos suicidas, es importante que sepas que siempre va a haber una persona que pueda ayudarte, si no es en tu entorno puedes acudir a las páginas web de ayuda como http://telefonodelaesperanza.org/prevencion-del-suicidio o en los teléfonos que te indicamos.

Lugares de ayuda a las personas con pensamientos suicidas y sus familias:

La “Encuesta Anual sobre el Comportamiento de riesgo adolescente” (Youth Risk Behavior Survey) realizada cada año por Centers for Disease Control and Prevention´s (Centros para el control y la prevención de enfermedades, CDC) entrevista a varios miles de estudiantes, eligiendo una muestra representativa a nivel mundial. El “Informe de tendencias y resumen de datos” de esta encuesta, utiliza los datos obtenidos en este estudio para centrarse en cuatro áreas prioritarias: el comportamiento sexual, el consumo de sustancias de alto riesgo, la victimización por violencia, y la salud mental y el suicidio.

De ahí extraemos que los adolescentes están cada vez más deprimidos, que las razones son ya conocidas (algunas de ellas tratadas en anteriores post de nuestro blog), y que la tasa de pensamientos suicidas entre niños y adolescentes se ha visto incrementada.

La sociedad actual tiene entre sus manos un problema en aumento al que debemos prestar atención y buscar su origen porque las medidas en ocasiones llegan tarde y, como siempre os comentamos, deben venir de la unión de esfuerzos en el ámbito familiar y escolar.

La tristeza, la desesperanza, el acoso escolar; los altos estándares marcados para niños y adolescentes que aún no saben bien quiénes son; tomar decisiones que afectarán a su futuro sin siquiera saber que quieren hacer.

Todas estas cuestiones se transforman en estrés, porque ellos también lo tienen aunque no sepan decir qué es lo que les está pasando.

Cuando en Psicobil tenemos pacientes en terapia infanto-juvenil intentamos promover, independientemente del motivo de consulta, unas bases que se apliquen en el entorno familiar y que en el tema de hoy son clave para promover la comunicación y minimizar en parte la posibilidad de que sufran hasta el extremo de llegar a pensamientos suicidas:

  • Practicar la escucha activa genera en ellos un sentimiento de comprensión y hace que acudan a nosotros ante problemas y dudas, ya que se sienten tenidos en cuenta.
  • Usar la empatía para conocer que sentimientos pueden estar desarrollando. Ponernos en su lugar, hace que rescatemos de nuestra memoria cómo vivíamos y sentíamos las emociones y situaciones a su edad.

La empatía nos hace ser más comprensivos y les enseña cómo ser empáticos también, siendo una acción de la que se desprenden muchos resultados.

  • Ayudarles a manejar sus propias emociones enseñándoles a ser personas resilientes que sepan sobreponerse a lo que les sucede pero sobre todo que tengan la sensación de que en su entorno “hay una red de seguridad y que no va a dejarles caer al vacío”

Por tanto, una vez más nuestra mirada tiene que dirigirse en ser comunicativos y enseñarles mediante el ejemplo, ir construyendo con ellos las bases de su bienestar.

Desgraciadamente, hay veces que los esfuerzos no son suficientes pero es importante no dejar de intentarlo para que no se incrementen los datos que hemos visto al inicio.

La adolescencia es una etapa de profundos cambios a la vez que luchan día a día contra agentes externos (aceptación e integración social, enfrentarse al ámbito escolar, presión por resultados, multitud de actividades) e internos (variaciones de ánimo, tristeza, euforia, desánimo, sentirse perdidos, etc.) necesitan que les acompañemos para que el miedo y las dudas que sienten no se apoderen de ellos y entren en un círculo de emociones negativas del que no sepan salir.

 

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