ROLES: ¿hacerse la victima y obtener atención?

Las personas tenemos, en general, cierto grado de sensibilidad (y más las empáticas) ante los problemas de los demás. Dependiendo de nuestra forma de ser, dentro de nosotros mismos existe algo llamado resiliencia que se puede traducir como la fortaleza que tenemos cada uno para superar adversidades, enfrentarnos a ellas, ver el lado positivo…. es esa capacidad que nos hace sobrevivir y recuperarnos de los problemas físicos o psicológicos.

La autoestima es otro factor decisivo que nos empuja o nos frena a la hora de actuar y resolver.

“Sentirse capaz”, la sensación de autoeficacia, va a hacer que luchemos con todo nuestro arsenal psicológico tanto para conseguir como para sobreponernos.

Por otra parte, están los que se sienten en constante incapacidad e indefensión y necesitan de los demás para no hundirse y para poder hacer y/o “ser”. Por educación, pero sobre todo por aprendizaje, hay personas que aunque sean capaces se rinden, porque sienten que no saben cómo enfrentarse o por comodidad en el caso de que estén acostumbrados a que les resuelvan.

Esto va a influir, al igual que en el ejemplo de los resilientes, en que la autoestima se fundamente en otras formas inadaptadas de comportamiento, como por ejemplo llamar la atención, haciéndose las víctimas, para conseguir lo que sea. 

El rol de víctima funciona como un mecanismo de protección ante síntomas de miedo o ansiedad. Se trataría de un modelo de evitación donde la persona prefiere no afrontar la responsabilidad de sus acciones ya que no se sienten preparados para el fracaso, y acaban proyectando esa culpa hacia los demás

SEÑALES DEL ROL DE VICTIMA

En diversas situaciones de la vida, tomamos un rol de víctima o nos situamos en ese papel, lo cual nos dificulta la superación del problema. Nuestro papel de víctima puede ser real o imaginado, pero siempre podemos movernos hacia unos patrones más adecuados de conducta que nos hagan salir más airosos de esta clase de situaciones. Las circunstancias en las que podemos adoptar ese papel puede ser de muy variada índole: en el amor, en la pareja, con la suerte o el azar, con nuestro jefe, con los compañeros de trabajo, en un grupo de amigos, ante una situación conflictiva, el papel dentro de mi familia, etc.

-¿te compadeces y te quejas a menudo?

-¿detectas a una persona como el “verdugo”, la persona agresiva y acusadora (contra ti)?

-¿detectas que te están acusando o juzgando?

-¿te sientes más o menos inocente (tú no haces nada)?

-¿esperas que alguien se preocupe por ti, o que te defienda o que apruebe lo que dices?

-¿ves sólo las carencias del “verdugo”?

-¿lo criticas?

-¿frecuentemente tienes comportamientos como llanto, palabras, acciones “manipuladoras”? (esto no quiere decir que todas las palabras o lágrimas sea manipuladoras).

-¿buscas una alianza contra tu verdugo?

-¿a veces tienes sentimientos de venganza?

-¿no reconoces que te justificas y defiendes? ¿Hay cosas que te provocan sentimientos negativos pero no sueles reconocerlo?

-¿te resulta muy difícil afirmarte en su presencia?

-¿no asumes responsabilidad en el problema?

-¿sientes que confías poco en ti y que tienes una baja valía (sobre todo manifiesta en esa situación)?

CAUSAS del PAPEL DE VICTIMA

Existen cuatro situaciones que pueden ayudar a que desarrollemos una actitud de víctimas:

  • La vulnerabilidad y dependencia de los niños.

    Debido a la edad, falta de conocimientos y habilidades, necesidad de depender de los adultos, las limitaciones que dichos adultos imponen, etc., todos los niños se sienten víctimas, en muchas situaciones.

    Esto le sucede a cualquier niño, independientemente de que tenga una vida estable, protegida, feliz y llena de amor.
    Es parte de las características de la niñez.

    Al crecer, los resultados de las diferentes experiencias que vivimos, la educación, ejemplos que recibimos, etc., hacen que se pierda o disminuyan este tipo de pensamientos y sentimientos o que aumenten y se establezca una actitud de víctima.
  • Haber vivido en un ambiente en donde se nos compadecía constantemente, escuchando comentarios como:

    “Pobrecito se siente mal”.
    “Pobre, le dejan tanta tarea”.
    “Es injusto lo que le pasa, pero no puede hacer nada”.
    “A … siempre le pasa algo malo”.

  • El ejemplo de uno o ambos padres que tenían dicha actitud.

    Los niños tienden a imitar, de manera inconsciente, las actitudes de los padres y de la gente importante en su vida.

  • Haber sido realmente víctimas, de algún tipo de abuso:

    Físico, sexual, psicológico, emocional. El impacto de estas vivencias puede ser tan intenso que repercuta a lo largo de toda su vida.
    Pero aun en estos casos, pueden y “deben” trabajarse las consecuencias, para tener una vida mejor.

No importa cuál fue la causa inicial. Al crecer, las experiencias que vivimos, los ejemplos que recibimos, etc., pueden debilitar, eliminar o fortalecer nuestra actitud ante la vida.

INTERVENCIÓN

La conducta de victimizarse como fuente para  conseguir atención o para  evitar responsabilidades tiene un camino muy corto. El victimismo se convierte así en un mecanismo de manipulación del otro.

  • La queja continua, la pena inagotable, las anticipaciones de desgracias y similares verbalizaciones convierten a esa persona en alguien que al principio nos conmueve y con el que nos volcamos a ayudarle, pero que con el paso del tiempo tendemos a evitarle cuando vemos que esa actitud la mantiene. Estas personas han APRENDIDO a conseguir la atención de los demás a través de “la pena” y las desgracias que no paran de pasarles.
  • Lo hacen inventándose enfermedades o aumentando sus síntomas de gravedad o dolor. Por ejemplo, lo hacen con un lenguaje lento, fingiendo un ánimo deprimido, con gestos de pena y en ocasiones con lágrimas… Otras veces lo hacen con ira o haciendo sentir culpable explícitamente al otro. Y todo esto para conseguir atención o por no haberla conseguido.
  • Hay personas que adoptan este papel de indefensos de por vida y otros que sólo despliegan este arsenal ocasionalmente cuando, sobre la marcha, ven que la situación se les va de las manos, es decir, que otro está siendo el centro  o que ellos se están sintiendo desplazados. Su autoestima se siente  amenazada subjetivamente y están acostumbrados a romper esa angustia vital suya del momento, con alguna actitud que interfiera y redirija la atención de los demás hacia ella. Ejemplos de ello serían “me encuentro muy mal… me estás recordando un momento fatal de mi vida… no sé qué me pasa pero creo que necesito irme…” Esa baja autoestima se traduce y  transforma en conductas de envidia hacia los demás y pone  en funcionamiento los mecanismos de autodefensa, en este caso, HACERSE LA VÍCTIMA.
  • Estas personas cuando sienten que dominan la situación, cuando sienten que nadie entra en competencia con ellas, suelen ser encantadoras. Conductas éstas, también exageradas, como para demostrar que son geniales en esencia… pero en ocasiones, ¡uf!!, se ponen claramente  tristes o enfermas. Las personas que acostumbran a usar el victimismo una y otra vez como forma de que les presten atención, al final lo que consiguen es todo lo contrario. La empatía a la que me refería al principio nos acerca al otro pero cuando la queja es constante en alguien con quien convivimos, en alguna amistad en la que ya hemos visto esta estrategia de atención, cuando nos damos cuenta de la incomodidad que nos genera esa actitud, lo que está consiguiendo la persona “víctima” es que nos alejemos de ella, que la evitemos. Nos producen un desgaste indescriptible.

 Y, ¿qué hace el victimista  a partir de este momento en que ve que no le prestamos la misma atención que antes? Pues lo que sabe que le daba la atención: refuerza aún más esa conducta entrando así en un círculo vicioso tanto para él mismo como para el resto que aumenta la queja y hace la situación insostenible a los demás. 

MANEJO DEL ROL DE VICTIMA

Es necesario hacerle participe de su propio cambio, apoyarlo y guiarlo para que cuestione su responsabilidad en todo lo que le pasa: “¿Qué podrías hacer la próxima vez para que esto no vuelva a ocurrir?” “¿Qué soluciones se te ocurren para evitarlo?”

Apoyar su esfuerzo independientemente de los logros al respecto, cambiar una forma de pensar lleva tiempo y no podemos exigirle a la persona victimista que deje de serlo de una semana a otra, ambas partes deben tener paciencia.

Una de las claves es que la persona no se desmotive, que entienda que su esfuerzo valdrá la pena y que él/ella puede llevar las riendas de su vida sin que sienta miedo de lo que pueda o no salir mal.

Aprender técnicas asertivas puede ser de gran ayuda hacia la persona con victimismo, pues tendrá herramientas muy valiosas a la hora de enfrentar un conflicto, de forma que pueda expresar cómo se siente y lo que piensa sin hacer sentir culpable a la otra persona, y buscar una solución efectiva al problema donde la persona victimista se sienta una parte importante de la solución.

En ocasiones, el malestar se agrava, siendo necesario acudir al psicólogo, ya que una vez que se entra en ese bucle conductual de refuerzo y pérdida del mismo (la atención), sí que es cierto que lo siguiente puede ser una depresión o una ira descontrolada.

El motivo de consulta suele ser por síntomas depresivos al sentirse poco importante para los demás e incluso acudir al psicólogo puede seguir siendo un mecanismo de manipulación del otro. Una demostración de que se está mal y una intención encubierta de que hasta el mismo psicólogo les procure volver a conseguir la atención.

EL AUTOCONOCIMIENTO, AYUDA A MANEJAR MIS ROLES, Y LOGRAR QUE SEAN POSITIVOS Y SANOS, PARA MI Y PARA LOS DEMÁS.

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