RESPONSABILIDAD AFECTIVA

La responsabilidad afectiva, lo definen como una “ética” diferente a la de la fidelidad y la monogamia, cuyo objetivo es no hacer sufrir a la otra persona.

Supone hacerse cargo de lo que podríamos ocasionar en el otro, esto incluye a nuestras amistades y familiares, pero cuando se habla de amor, el tema se amplía. De acuerdo al psicólogo clínico Samuel Merlano, la etapa de enamoramiento es el momento ideal para que la nueva pareja conozca lo que el otro está dispuesto a dar y aceptar.

Cuando se desglosa lo que significa responsabilidad hay dos palabras: responder y habilidad. La habilidad de responder a situaciones o circunstancias para llegar a ciertos acuerdos a través de una amplia comunicación asertiva, para que la pareja tenga claro lo que les gusta.

La responsabilidad afectiva significa tener presente que todo acto tiene sus consecuencias y uno debe hacerse cargo de ellas. La responsabilidad afectiva, en este sentido, implica que si uno está en relación con otra u otras personas, todo acto que realice va a tener una consecuencia en esa o en esas personas. Tiene que ver con la empatía.

La responsabilidad afectiva nos enseña a cuidar al otro y, aunque es imposible evitarle el sufrimiento, sí podremos quitarle un dolor innecesario que vive entre las mentiras y engaños.

La empatía es el eje en el que se halla la responsabilidad afectiva, pero solo se la podrá observar en individuos que sean maduros emocionalmente. Por lo que, no podemos esperar que los demás comprendan el daño que está cometiendo, a pesar de que este sea evidente para nosotros.

En la medida en la que una persona se conozca así misma, y tenga una responsabilidad de sus actos, puede estar con una pareja que tenga la misma madurez. Esto no quiere decir que si no se haya construido una responsabilidad afectiva no se podrá hacer a lo largo del tiempo.

Aunque es el tiempo el encargado de darnos experiencia para que, a través de estas entendamos y estemos conscientes de nuestras decisiones que podrían afectar en estado anímico de los que nos rodean, la responsabilidad afectiva se puede construir gracias a los errores. Por ello, es una tarea individual que cada uno de nosotros tenemos con nosotros mismos para que lleguemos al punto en el que no seamos los causantes de serios problemas psicológicos en los que nos quieren.

Julieta tenía 23 años cuando conoció a Pedro, de 25. Los dos iban a la misma facultad y aunque estaban en el último año de la carrera, no se habían conocido hasta entonces. Salieron durante un año sin llegar nunca a definir qué era lo que pasaba entre ellos. No eran novios pero había una especie de acuerdo implícito mediante el cual los dos estaban en una misma sintonía. Así por lo menos lo creía Julieta. Cuando terminaron las clases, acordaron pasar el verano juntos: era la primera vez que iban a tener que trabajar durante enero y febrero y planearon actividades para poder llevarlo mejor.

El 5 de enero habían quedado en encontrarse antes de ir al cine. A las ocho y media, Julieta se paró en la puerta del cine. Pasó una hora y Pedro no llegaba. Lo llamó por teléfono. Estaba apagado. Lo esperó. La película empezó y terminó, pero Pedro nunca llegó. Durante los días que siguieron, Julieta le mandó mensajes continuamente: necesitaba saber qué había pasado, necesitaba una respuesta. Saber si Pedro estaba bien, entender algo. Él, aunque muchas veces se mostraba en línea en WhatsApp, nunca le respondió, la eliminó de Facebook y la bloqueó de Instagram. Con el tiempo Julieta se resignó y nunca supo qué fue lo que pasó .

Esta también es la época de las redes sociales, de los “likes“, de los vistos, de los mensajes rápidos, instantáneos y efímeros, de conocer gente a través de un “match”, de interactuar casi siempre con una pantalla mediante, de llegar e irnos cuando queramos, es decir, del “ghosting”, un término que define al acto de desaparecer de la vida de una persona sin dar ninguna explicación. Simplemente se deja de responder los mensajes, se elimina al otro de todas las redes sociales y se hace como si nada hubiese pasado.

Alejarse de una relación sin previo aviso no es, claro, algo nuevo. Lo que pasa es que alejarse nunca fue tan sencillo: basta con un clic, eliminar de los contactos de Facebook y bloquear en Instagram y WhatsApp. Con eso, la otra persona entiende que lo que era, ya no será más.

El ghosting , derivado de ghost (del inglés, fantasma) consiste en terminar una relación afectivacortando todo contacto con la persona en cuestión y sin darle ninguna explicación. Una actitud que tiene consecuencias muy negativas en la autoestima de la persona que la recibe. Según una investigación de 2018 publicada en la revista Journal of Social and Personal Relationships, una cuarta parte de las personas estudiadas había sufrido ghosting por parte de su pareja, mientras que una quinta parte se lo había hecho a alguien. Despedirse a la francesa de un amigo o una amiga, dejar de contestar sus mensajes y sus llamadas, es incluso más común que desaparecer de la noche a la mañana de la vida de una pareja, pues más de un tercio de los participantes del estudio citado confesaron haberlo sufrido o haber terminado así con una amistad.

El rechazo de cualquier tipo activa nuestros circuitos del dolor, pues la conexión con otros seres humanos es un rasgo evolutivo propio de los seres humanos. Nuestro cerebro identifica la conexión con la supervivencia, de ahí que la rotura de esa conexión pueda llegar a herirnos tanto. Mucho más si además, como sucede en estos casos, no existe sensación de cierre. “Creo que si tenías una implicación sentimental con la persona que te hace ghosting te dolerá mucho, te asaltarán interrogantes”. “Solemos preguntarnos por qué esa persona ha desaparecido, qué hemos hecho mal, qué hemos dicho… y la mayor parte de las veces no tiene que ver con nosotros. El otro/a desaparece porque hoy en día las relaciones que surgen en estas herramientas son totalmente superficiales, y parece que da igual si te vas sin despedirte o sin dar una explicación. Se ha perdido, ya no digo solo la seducción, sino el más minimo compromiso.”.

El concepto de responsabilidad afectiva no es algo sencillo. Pero en términos generales podemos acordar en algo: ser responsable es muy distinto a ser culpable. Que alguien sea responsable no lo hace el culpable o el causante. La responsabilidad nos permite asumirnoscomo sujetos activos y no meros objetos del arbitrio y del poder que nosotros mismos le damos al otro.

Tal vez la solución pase por practicar la empatía y revivir la vieja frase ‘no hagas lo que no quieres que te hagan’ para empezar. Es tarea de cada uno seguir profundizando en la temática y cuestionarse sobre qué tipo de vínculos tienes y cómo desearías que fueran. La paridad es posible si se ensaya el ponerse en el lugar de la otra persona. Crear vínculos más igualitarios, donde no existan roles dominantes, te hará sentir mejor a ti y a quien comparta la vida contigo.

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