PSICOLOGIA, ALIMENTACIÓN Y NIÑ@S: 5 tips

Uno de los temas que más preocupa a las madres y padres es la alimentación de sus hijos e hijas.

Venimos de hogares y familias en los que dejar reluciente el plato tras haber comido era signo de obediencia, saber estar y orgullo para los padres. hoy en día esas prácticas están siendo sustituidas tanto en los comedores escolares como en los hogares por algo más racional: es más importante lo que se come que la cantidad.

La primera etapa de la infancia está llena de retos para los padres y por supuesto para los propios niños y niñas, descubren el mundo paso a paso y los padres son sus guías. Los límites bien marcados deben estar presentes no solo en momentos del día a día como vestirse, asearse o demás rutinas sino también a la hora de comer.

Es un momento delicado y dependiendo del niño o niña hasta frustrante para ambas partes. No podemos pretender que coman de todo lo que nosotros queremos y de la manera más saludable pero sí podemos conseguir que la relación que establezcan con la comida sea lo más sana posible, a nivel físico y psicológico.

Atendiendo a esa buena relación con la comida es importante que sepamos que las prohibiciones normalmente se convierten en el objeto de deseo, por lo que evitar determinados comportamientos y alimentos puede que genere exactamente la reacción opuesta a lo que se pretende. Según un estudio realizado en la Universidad de Sheffield (Reino Unido) excluir de la dieta de los niños y adultos alimentos que no son saludables en la infancia se relaciona directamente con problemas de obesidad y trastornos de la alimentación en la edad adulta.

Entonces, ¿cómo se encuentra el punto medio?

Fácil no es, pero como todo, se trata de tener paciencia y saber hacer.

Por ello, tiene que aparecer el NO por parte de quienes están marcando el límite y tener la paciencia necesaria para ver como los niños entran en una rabieta, pero hay momentos en los que los alimentos menos sanos pueden hacer aparición en nuestras vidas.

Podemos enseñar a nuestros hijos a disfrutar de pequeños placeres, no siempre vamos a negar el helado, la bolsa de chuches o los regalices, es más importante enseñar cuando sí y cuando no. Esta práctica es la que da más frutos, si hemos pasado una larga jornada de senderismo y nos premiamos a la bajada con un buen chocolate caliente puede enseñar más a nuestros hijos que una prohibición (la recompensa del trabajo bien hecho y el esfuerzo realizado, el placer de disfrutar de tiempo juntos y darse un pequeño capricho en familia).

Hay cosas que no se pueden comer todos los días pero a veces es mejor permitirlas en ocasiones especiales a realizar una prohibición.

Estos comportamientos van a dejar huella en nuestros hijos pero también es importante que vayan de la mano del ejemplo. Somos espejos donde mirarse, si nuestra relación con la comida es insana es probable que también generemos esos hábitos en ellos, así como si les invitamos a probar cantidad de alimentos nuevos y se lo mostramos haciéndolo nosotros mismos, estaremos dando una imagen a imitar de un valor incalculable.

¿Qué pautas o consejos podemos daros para empezar o cambiar hábitos?

Cuando los niños se implican en las tareas que se deben realizar se consigue una adherencia mayor a hábitos y quehaceres rutinarios. Vamos a ponerles a trabajar.

Consejo 1.

Empezaremos con una compra variada y saludable donde ellos serán los “ayudantes”, los encargados de asegurar una compra sana.

Consejo 2.

Las cenas a menudo no se realizan con el tiempo suficiente para poder dar el valor que merece el momento. Podemos poner en práctica el “batchcooking” una vertiente muy de moda en la que se cocina un día para poder consumir en varios lo realizado. Es un momento ideal donde los niños pueden manipular los alimentos, ver como son cocinados y ayudar en todo el proceso. Si al día siguiente saben que van a comer algo hecho por ellos mismos se sentirán mucho más tentados a comerlo y estaremos dando un enseñanza que abarca varios campos:

  • Autoestima
  • Autonomía
  • Autoconcepto
  • refuerzo de lazos
  • Trabajos de motricidad fina
  • Etc

Consejo 3.

Establecer menús semanales que nos ayuden a desterrar la ansiedad y frustración por la falta de tiempo.

Muchas veces la mitad de las rabietas son cosa nuestra, nuestro estrés, ansiedad y querer que ellos hagan las cosas en la mitad de tiempo va en contra de lo que queremos enseñar y ya está la rabieta entre nosotros.

Mantened la calma, intentad entender que los niños tienen un ritmo más lento de ejecución, precisamente porque están aprendiendo o están igual de cansados que nosotros, así nuestros niveles de estrés bajarán, y recordad, hacer uso de técnicas de relajación y respiración ayuda a conseguir estos objetivos.

Consejo 4.

Marcar guías de y límites de comportamiento:

  • No se tira la comida al suelo.
  • No se juega en la mesa.
  • Hay que probar un poco de todo.
  • Si no se termina lo que hay en el plato no pasa nada pero no se cambia por otro alimento.
  • Dar a elegir entre dos opciones saludables siempre que sea posible :“Hoy hay pescado, puedes cenar merluza o salmón ¿Qué prefieres?”De esa forma se deja claro que la cena es pescado y no se puede cambiar a otro tipo de alimento pero se tienen en cuenta sus preferencias.
  • No alargar el tiempo dedicado a las comidas con el único fin de conseguir que termine lo que tiene en el plato.

Consejo 5.

No obligar a comer en la siguiente comida lo que no se ha querido en la anterior. Es una práctica que daña enormemente el lazo ente padres e hijos, genera frustración y falta de confianza. Es decir, echamos por tierra el trabajo conseguido.

Enseñar es una tarea difícil y a veces requiere de un esfuerzo, comprensión, paciencia que pensamos no tener o perder, pero si se hace con amor los frutos siempre aparecen antes o después.

Alimentar no solo el cuerpo si no también la mente, con respeto, cariño y amor.

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