MI CUERPO ME MANDA SEÑALES…¿somatizo?

Por nuestro estilo de vida, solemos pasar más tiempo en la cabeza, atendiendo a pensamientos y a discursos internos.

Por eso, es habitual tener poca consciencia de lo que ocurre en el resto del cuerpo, de manera que nos es difícil detectar las tensiones musculares cuando aparecen para poderlas relajar, y que no acaben en un dolor intenso al final del día, por ejemplo.

Hoy en día parece claro que existe una relación entre el cuerpo y la mente, y a todos nos suenan conceptos como trauma, comunicación no verbal o psicosomático como maneras de entender que, de alguna manera, nuestro cuerpo expresa lo que nuestra mente no dice.

El cuerpo y la mente forman un todo. De ahí que los problemas emocionales siempre dejen huellas en el organismo. Esto es perfectamente lógico si se tiene en cuenta que el cerebro es el eje del funcionamiento del cuerpo humano. También el hecho de que todo el cuerpo está inervado y por lo tanto está comunicado con el cerebro.

Se podría afirmar que no hay ninguna molestia física que no tenga como referente, o como contexto, uno o varios problemas emocionales. En este sentido, es bueno atender a las señales que nos envía el cuerpo. En general, son indicadores de que existe algún tipo de desequilibrio en nuestra vida.

Estar en conexión con nosotros mismos es entender las señales que nos envía nuestro cuerpo, el cual nos habla a través del dolor, la enfermedad, y como no, de la salud en general. Cómo nos sentimos físicamente es una señal de cómo nos encontramos psicológicamente en la mayoría de las ocasiones.

SEÑALES FRECUENTES DE NUESTRO CUERPO CON BASE EMOCIONAL

Algunas de esas señales corporales son muy comunes. No se trata de enfermedades en sentido estricto, sino de problemas emocionales que hacen presencia en el cuerpo.

Existen siete indicadores que pueden estar sugiriendo la existencia de problemas emocionales, son los siguientes:

1. Dolor de cabeza, un síntoma de problemas emocionales

El dolor de cabeza frecuente es un síntoma muy común. Miles de personas en el mundo lo sufren. No es para menos. Está asociado con el estrés y la agitación. Por lo tanto, es normal que haya tantos afectados por este problema.

El significado de los dolores de cabeza se resume en una sola palabra: tensión. Hay fuerzas internas que se contraponen. Habitualmente es el deseo de hacer las cosas completas y bien, en contraposición a la falta de tiempo. O la necesidad de descansar, frente a la obligación de cumplir compromisos.

Detrás de una cefalea muchas veces hay problemas emocionales, de ahí que con frecuencia los medicamentos no tengan los efectos deseados.

2. Dolor en el cuello

El cuello rígido y que presenta dolor es una clara señal de una rigidez extrema. No en todos los aspectos de la vida, pero sí en uno en particular: la dificultad para perdonar. El rencor y el resentimiento toman forma de fuerte tensión muscular en la zona del cuello.

La dificultad para perdonar también puede estar acompañada de otros sentimientos, como inconformidad o desprecio. Si te duele el cuello, es bueno que pienses en el rencor del que todavía no te has desecho. Quizás al diluirlos, con ellos también se esfume el dolor que sientes.

3. Rigidez y problemas en los hombros

Los hombros son la zona del cuerpo que se destina para cargar pesos muy grandes. Esto vale tanto para los pesos físicos como para los que suponen una carga en el plano mental. Un dolor en los hombros, especialmente si hay calambres, indica una sobrecarga.

Probablemente llevas una carga que te está pesando demasiado. Tal vez una responsabilidad que no te corresponde o un compromiso con el que sientes que no puedes cumplir. El dolor en los hombros habla, en todo caso, de problemas emocionales asociados a la presión excesiva.

4. Molestias en la parte superior de la espalda

La parte superior de la espalda es otra zona en la que se concentran las tensiones y los problemas emocionales. Cuando hay dolor allí, es probable que te sientas muy solo. Se trata de una señal que habla de dificultades para relacionarnos con los demás.

Así mismo, puede hablar de una carencia de amor propio. La autoestima puede estar lesionada. En su lugar, es posible que haya una gran cantidad de temores. Estos, generalmente, se relacionan con vínculos sociales poco satisfactorios.

En este caso, hay una preocupación muy grande y no se encuentran estrategias de afrontamiento eficaces.

5. Dolores de estómago

El origen de un trastorno psicosomático estomacal suele residir en la dificultad que presentamos a la hora de afrontar situaciones especialmente estresantes o para expresar abiertamente sus sentimientos. Un caso muy común que puede darse en nuestra cotidianidad es el del nerviosismo ante un evento importante en nuestras vidas como es un examen universitario o una entrevista de trabajo, momentos en los que muchas mujeres tendemos a visitar el cuarto de baño más a menudo de lo normal.

La ansiedad, el estrés, la irritabilidad o mal genio, parecieran ser como aquel grito que hace eco en las paredes del estómago.

6. Dolores en las manos

Las manos son una zona del cuerpo muy relacionada con la expresión y con el contacto con los demás. Cuando hay dolores o molestias en las manos, es hora de revisar cómo están los vínculos con las demás personas.

Es muy usual que haya un deseo insatisfecho de hacer o tener más relaciones de confianza. Las molestias o los dolores hablarían de una condición de privación social que se desea superar. Sin embargo, tal vez no se ha encontrado el camino para hacerlo.

7. Problemas en las rodillas

El dolor de rodillas es una de las molestias más comunes. Casi siempre está relacionado con una exacerbación del ego. Se produce cuando el centro de preocupación es uno mismo y se tiene una actitud algo despreciativa hacia los demás. Indica una necesidad de salir de esa burbuja que hace resistencia para que no nos mostremos generosos con los demás.

El cuerpo es como un libro, en el que cada parte cuenta una historia. También cada zona del organismo está enviándonos mensajes constantemente. ¿Sabes escucharlos? Esa es la pregunta que debes hacerte. Especialmente cuando sabes que tienes problemas emocionales, pero no te has decidido a encararlos o no sabes cómo hacerlo.

¿ESTOY SOMATIZANDO?

El trastorno por somatización, desde el punto de vista de la psicología, es una forma de defensa ante la ansiedad emocional. La persona tiene un conflicto emocional que le genera una gran ansiedad pero lo desplaza hacia el sufrimiento de síntomas físicos.

Históricamente se llamaba Síndrome de Briquet, y su prevalencia es de un 2%, es decir, lo sufre un porcentaje bastante importante de la población. ¡Dos de cada cien personas!

Suele comenzar en la adolescencia y habitualmente las personas que lo tienen describen síntomas de manera más dramática de lo habitual, con mucha ansiedad, y se quejan de que los médicos no les encuentran lo que tienen. Suelen padecerlo en mayor proporción las mujeres que los hombres.

Debes tener en cuenta que no es consciente, es decir, no se toma la decisión de sufrir un dolor psicosomático o sentir náuseas, sino que sin darse cuenta el organismo de esta persona reacciona así. Debe quedar claro que no es un fingimiento, la persona lo sufre realmente.

Normalmente, cuando una persona acude al médico sufriendo dolores de manera continua pero no se puede encontrar ninguna explicación física que los cause, el médico se plantea la posibilidad de que haya comenzado a somatizar.

Sensaciones habituales en la somatización

Lo que para la mayoría de personas son síntomas de ansiedad, y se diagnostican como tal, las personas que presentan esta forma de vivir la ansiedad interpretan estas sensaciones de forma diferente. Con un ejemplo se entiende mejor:

A lo largo del día, y de manera normal y fisiológica, se perciben síntomas físicos de todo tipo, por ejemplo:

– Movimientos intestinales.

– Tinnitus o zumbidos.

– Cambios en la frecuencia cardíaca.

– Dificultad para respirar durante el esfuerzo físico.

– Sentir la piel excesivamente húmeda o seca.

Lo normal es que todo esto no signifique nada para las personas y habitualmente son sensaciones que se dejan pasar. Sin embargo, quien tiende a somatizar se fija en estas sensaciones intentando buscarles explicación. A esta forma de vivir las sensaciones corporales se le llama fijación somática.

Si esto sucede en situaciones muy estresantes, como la muerte de un ser querido, una situación grave como la pérdida de trabajo o similar, no es un trastorno de somatización como tal sino algo transitorio. Aquí puedes leer más sobre la relación entre somatización y estrés.

Pero, si por el contrario, esto se vuelve la forma habitual de responder ante cualquier problema o se hace crónico a partir de un momento dado, puede que sí tenga esta importancia clínica.

Esto es muy importante porque la mayoría de nosotros hemos somatizado alguna vez. De hecho, en los procesos de duelo es habitual. No se puede hacer un diagnóstico de este tipo si no es algo crónico, habitual, persistente y que afecta a la vida social y personal de manera importante.

De hecho, las depresiones suelen ser procesos en los que los pacientes somatizan con bastante frecuencia. Se estima que entre el 63 % y el 94 % de las personas con depresión han tenido este tipo de síntomas en algún momento.

Cómo prevenir y tratar la somatización

Cuando una persona está diagnosticada de este trastorno, pueden combinarse algunos fármacos para aliviar los síntomas físicos con el tratamiento psicológico que habitualmente suele ser terapia cognitivo conductual.

Una terapia que mejore la comprensión que el paciente tiene de lo que le ocurre puede ser de gran ayuda. De esta forma la persona se va dando cuenta de que son las dificultades de su vida, tanto en el trabajo o estudios como a nivel personal, lo que le cuesta afrontar o lo que genera conflicto.

El problema es que muchas veces, como los síntomas físicos son tan reales, estas personas rechazan un tratamiento psicológico. Si la persona rechaza que en su caso sus síntomas son de origen psicológico, es fundamental empezar explicándole qué es la somatización.

Y SIN SOMATIZAR….¿LA TERAPIA PUEDE AYUDAR?

Cada persona es distinta y por lo tanto, se expresará y sentirá su cuerpo de una manera diferente. El objetivo es que el paciente se haga consciente del propio cuerpo y de sus mecanismos a través de los mensajes emitidos por él de manera natural.

Desde esta perspectiva y nuestra posición como psicoterapeutas, podríamos decir que nuestros objetivos son:

-Aprender a leer y observar estos mensajes en nuestros pacientes, ya que esto nos va ayudar a entender mejor cómo son, lo que sienten y cómo se viven.

-Incorporar herramientas de trabajo terapéutico en las que se incluya al cuerpo físico como medio para la toma de conciencia, el contacto con uno mismo y como herramienta de curación.

Si entiendo las señales, puedo poner el foco y empezar la introspección, ¿qué me está pasando? qué estoy sintiendo?.

Conocer nuestro cuerpo, es una pieza más para ayudarnos a mantener nuestro equilibrio mental y bienestar.

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