FELICIDAD y FAMILIA

La sonrisa en la cara de nuestros hijos siempre es sinónimo de felicidad, y ya escuchar una sonora carcajada no tiene comparación, pero a pesar de esos momentos, ¿alguna vez os habéis parado a pensar si vuestra familia es feliz?

A día de hoy aún seguimos a vueltas buscando la fórmula de la FELICIDAD, así en mayúsculas y hasta pintada de colores. La buscamos en todas partes como si buscásemos el “Santo Grial” y en ocasiones no nos damos cuenta de que no existen fórmulas mágicas, que se trata de dejar de buscar y abrir los ojos ante lo que tenemos.

Para la psicología la felicidad es:

“la habilidad que posee una persona para resolver cuestiones relacionadas a la vida cotidiana. El subconsciente alimenta el estado de ánimo;  por eso, debemos estar bien predispuestos, no ser pesimistas, admitir nuestras limitaciones y saber que no todo depende de la buena voluntad que tengamos. Así podremos discernir en qué enfocarnos, por ser una felicidad alcanzable y en qué no, por ser una felicidad inalcanzable”

Una familia se puede decir que es feliz cuando cada uno de sus miembros vive en un marco de respeto, comprensión y comunicación, teniendo claros los límites de actuación y comportamiento entre sí. Cuando se desarrolla una dinámica en la que se reconoce el esfuerzo en cada paso dado y no se tiene miedo a expresar sentimientos, opiniones, actuaciones, etc.

Muy técnico quizás…pero en el día a día ¿cómo podemos saber si nuestra familia es FELIZ?

Pasamos mucho tiempo haciéndonos ese tipo de preguntas, ¿será feliz, estará contento?, si apenas sonríe ¿es que no es feliz?, y nos olvidamos de transmitir precisamente ese sentimiento.

Las personas somos esponjas, absorbemos información, conocimientos y también estados de ánimo, si a nuestras parejas e hijos les proporcionamos momentos en los que nosotros mismos estamos con una actitud positiva, disfrutando del hecho de estar juntos y de las actividades que se realizan “en familia” estaremos proporcionando la posibilidad de sentir esa felicidad.

Un ejemplo: Si una madre, está constantemente preocupada, estresada y no disfruta de ni un solo momento de las actividades tanto en familia como a solas con su pareja o su hijo/a no está transmitiendo ese sentimiento, por lo que generará en ellos/as precisamente lo contrario, creando una rueda. Si  no me siento feliz, no provoco felicidad en los demás.

¿Cuáles serían las pautas para obtener ese estado?

En Centro Psicobil creemos que no son tanto pautas si no un “cambio de chip”:

  • Controlar el estrés mediante técnicas o actividades que nos ayuden a mantenerlo a raya (respiración, relajación, actividades deportivas…).
  • Evitar idealizar el concepto de felicidad, ya que en ese caso nunca podremos alcanzarla al tener unas aspiraciones no reales.
  • Dedicar tiempo a cada miembro de la familia: tiempo en pareja, tiempo con cada uno de los hijo/as por separado. De esta forma daremos importancia a cada uno haciendo que el tiempo en común se disfrute sin disputas por ver a quien se le hace más caso.
  • Realizar actividades en familia en las que todos puedan disfrutar.
  • Expresar en voz alta y a todos el amor y el afecto.
  • Tener una actitud positiva.

Como podéis ver, es un conjunto de acciones que una vez asumidas hacen que tengamos un cambio de actitud que a su vez genere algo en los demás.

Las personas poseemos desde que nacemos neuronas espejo:

“Las neuronas espejo son las que permiten la empatía y la imitación. Cuando otro ser humano realiza una acción, la percibimos a través de ellas, y de acuerdo con la señal recibida, actuamos a tono con las circunstancias.”

Quizás esa es la clave, el misterio, actuar de espejo para los demás y generar felicidad.

 

 

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