DESARROLLO INFANTIL: tiempos y alternativas para la tecnologia

Derrick de Kerckhove (Wanze, Bélgica, 1944) está considerado uno de los críticos más afinados de la cultura mediática y las nuevas tecnologías. Sus estudios señalan que nuestro organismo responde espontáneamente a los estímulos en movimiento independientemente de nuestro interés por el contenido del programa: “cualquier movimiento en la pantalla atrae nuestra atención automáticamente, lo mismo que si alguien nos tocara”. Nuestros ojos se ven atraídos por la pantalla como el metal por los imanes. De este modo, las pantallas nos atraen, aunque lo que veamos en ellas no sea de nuestro gusto o incluso hagamos una valoración negativa sobre lo que vemos.

Según estas afirmaciones y a la luz del amplio número de estudios realizados, se constata que la sobreexposición del cerebro infantil a: la TV, móviles, tablets y resto de dispositivos electrónicos de entretenimiento, fomenta en ellos: sedentarismo, baja interacción social y posible adicción tecnológica, además de perjudicar el sueño infantil. Pero lejos de quedarse ahí, aun siendo puntos de extrema preocupación, se suman consecuencias tan importantes como:

  • Dificultades de atención y de la función ejecutiva.
  • Retraso cognitivo.
  • Aprendizaje disociado.
  • Conductas impulsivas.
  • Bajo autrocontrol.

Para la Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría los tiempos de exposición según edades serían:

0-2 años de edad             SIN EXPOSICIÓN

3-5 años de edad             ACCESO RESTRINGIDO A 1H/DÍA

6-18 años de edad          NO MÁS DE 2 HORAS/DÍA

El desarrollo del cerebro infantil alcanza durante los primeros 5 años de vida hitos muy importantes por lo que es un periodo clave en la maduración del niño. De ahí que se recomiende la ausencia de elementos electrónicos, ya que los juegos tecnológicos son muy limitados en comparación con los estímulos que reciben los niños en las situaciones de juego real.

El creciente número de estos diagnósticos hace reflexionar sobre cómo afecta la era tecnológica en la que vivimos. Constantemente estamos indicándole al cerebro de los niños que cada vez que tiene que esforzarse en algo tiene permiso para distraerse. Como siempre indicamos, la falta de tiempo de los adultos, el cansancio o el estrés hacen que recurramos a soluciones como distraer al niño o niña con la televisión, móvil, etc. Estos dispositivos llevan a que el cerebro no tenga que esforzarse en mantener la atención, realizar tareas a pesar del cansancio o simplemente ejercer autocontrol, como ya hemos comentado antes captan nuestra atención y hacen el trabajo duro.

Estamos evitando que el cerebro infantil alcance un desarrollo adecuado lo que hace que aumente el número de dificultades antes mencionadas.

En Psicobil, los padres de los pacientes de infanto-juvenil nos comentan sus dudas acerca de cómo incluir de una forma educativa la tecnología que tanto demandan sus hijos e hijas y que no sea el mero visionado de videos o pasar horas viendo perfiles en redes sociales o jugando a videojuegos de moda.

Solemos pautar buscar aquellas actividades que despierten interés en ellos. Para ello hay que conocer los gustos de los hijos e hijas, sus motivaciones y sus aficiones. Partiendo de estas 3 claves, podemos estructurar el tiempo dedicado a las “pantallas” tomando como base aquellas actividades en las que incluirlas forme parte del aprendizaje, ya que hay situaciones en las que el uso controlado de la tecnología nos lo proporciona, además de fomentar el juego compartido entre padres e hijos.

Por ejemplo, para un niño o niña con inquietudes artísticas podemos:

  • Realizar en el móvil u ordenador las invitaciones a una fiesta, dando libertad a la creatividad y exploración de las posibilidades que la tecnología ofrece y teniendo como finalidad la posterior interacción social a través de la “fiesta”.
  • Escribir a un familiar para darle una sorpresa e incluir una foto (fomentar lazos).
  • Hacer un acertijo con pictogramas para que otra persona la descifre (lenguaje, equivalencias).
  • Retocar una foto para hacerla divertida poniéndole gorros, emoticonos, gafas, (autoconcepto, reconocimiento del yo, partes del cuerpo, lenguaje).

En todas estas actividades proporcionamos a los menores:

  • Libertad creativa.
  • Imaginación e ilusión.
  • Creación de normas de juego bajo supervisión parental (esto sí, esto no, esto me gusta y lo incluyo, etc.).
  • Aprendizaje guiado y colaboración entre padres e hijos (fomentar relaciones).
  • Fomentar la capacidad resolutiva ante los problemas que puede generar la tecnología.

Común a cualquier actividad que decidamos realizar relacionada con pantallas, desde Psicobil os recomendamos tener en cuenta:

  • La edad.
  • El uso que se le vaya a dar.
  • EL tiempo invertido.
  • Priorizar juegos interactivos y didácticos.
  • Que no estén instalados en su habitación.
  • Si los dispositivos son móviles, compartir con ellos el espacio donde poder usarlos y evitar que lo hagan en soledad.
  • Que las pantallas no sean la única actividad disponible en casa.

Todas estas medidas van encaminadas a que la tecnología no sustituya las interacciones sociales y se pueda preservar el normal desarrollo cognitivo infantil.

El juego es el medio de aprendizaje y desarrollo psicomotor, afectivo y social. Si lo sustituimos por la tecnología estamos privando a los niños del aprendizaje completo y educativo que proporciona la experimentación directa con la realidad: sensaciones, sentimientos y estímulos.

Los niños tienen que jugar y sentir emociones. Con eso estamos trabajando su bienestar y FELICIDAD.

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