CON RUTINAS, ¿la familia funciona mejor?

Ya estamos en la tercera semana de septiembre.

Entre los síntomas que podemos notarnos estas primeras semanas del mes pueden ser: cansancio, falta de motivación, malestar general, ansiedad y disminución del rendimiento entre otros.

La vuelta de vacaciones nos suele costar a todos un poco, aunque tengamos un trabajo que nos guste, que nos de estabilidad económica o estemos deseando de ver a los compañeros de trabajo.

Además a ello le añadimos el estrés del inicio del colegio de los niños, la preparación de todo el material, la selección de las actividades extraescolares para que durante el año tengan otro complemento además de las clases, y el retomar ya del todo el ritmo frenético de nuestra rutina diaria.

Si cada persona es un mundo, las familias son un universo.

El bienestar de cada miembro de la familia depende del conjunto, un difícil pero alcanzable equilibrio.

En este mes de vuelta a la rutina, aparecen conflictos y malestar que son normales.

Pero sería el complemento perfecto si a esta aceptación le añadimos el conseguir encontrar un hueco al final del día en el que pueda dedicar algo de tiempo a hacer una pequeña actividad con la que disfrutes y que te guste: dar un pequeño paseo al caer la tarde, destinar un ratito a hacer unos pequeños ejercicios de relajación, escuchar música… es decir al menos unos minutos para ti.

Una rutina es una costumbre de hacer algo de manera determinada, regular y periódica. Cuando una rutina se aprende, se acaba creando un hábito.

Una falta de rutina dentro de la familia puede provocar una sensación de desorden, desorganización, inseguridad y mal comportamiento, ya que no saben qué hacer.

Esto puede conllevar problemas de comportamiento, pero también de alimentación, de sueño o de socialización. Sin embargo, demasiadas rutinas pueden acabar aburriendo o creando inflexibilidad. La clave es un equilibrio entre ambas opciones.

LOS HÁBITOS

Cuando hablamos de hábito nos referimos a aquello que se realiza de manera automática y frecuente.

Se trata de un aprendizaje obtenido de la práctica repetitiva de alguna acción en concreto ante determinadas situaciones. De esta forma, se establecen una relación entre la situación y la acción, automatizándose su realización.

Todo hábito se compone de tres elementos:

  1. La señal o desencadenante que avisa sobre el inicio del hábito.
  2. La rutina. Es decir, las acciones que se realizan.
  3. La recompensa o beneficios que se obtienen tras la realización continuada del hábito.

Los hábitos resultan bastante adaptativos y útiles ya que, una vez instaurados, no requieren de grandes esfuerzos, atención o energía.

Es decir, permiten a la persona actuar de manera eficiente, gastando el mínimo de recursos posibles.

Esto permite destinar dichos recursos atencionales a otros estímulos del contexto o situación que lo necesiten. Ejemplos de hábitos en el día a día podrían ser: conducir, el camino que se realiza de casa al trabajo, organizar el cuarto, ducharnos o la rutina de ejercicios que se realiza.

VENTAJAS DE LAS RUTINAS EN FAMILIA

  • 1-Fin a los conflictos.
  • 2-Aprovechamiento del tiempo.
  • 3-Menor nivel de estrés.
  • 4-Satisfacción personal.
  • 5-Cohesión familiar.

Las rutinas aportan grandes beneficios al bienestar emocional y psicológico

BENEFICIOS DE LAS RUTINAS

  • Aportan orden.
  • Son oportunidades de aprendizaje.
  • Fomentan la autonomía.
  • Mejoran la comprensión del entorno.
  • Reducen la ansiedad y las conductas negativas, derivadas de los nervios y la incertidumbre de no saber qué hacer o qué toca hacer.
  • Aumentan la autoestima.
  • Ayudan a madurar.

Consejos para retomar o instaurar hábitos

La vuelta de las vacaciones nos plantea el reto de volver a retomar aquellos hábitos olvidados o bien puede ser un buen momento para iniciar la creación de nuevos hábitos deseados.

La adquisición de hábitos requiere esfuerzo, energía y atención.

 Os proponemos algunos tips para conseguir vuestros objetivos:

  1. Estableced objetivos específicos. Identifica qué hábitos quieres instaurar y especifica las acciones que lo componen.
  2. De uno en uno. En ocasiones, al volver a la rutina se cae en la trampa de querer pasar de 0 a 100. Céntrate en solo un hábito y en su repetición. Observa cómo vas y si sientes que puedes añadir otro objetivo o si, por el contrario, aún necesitas más tiempo.
  3. Planificar las nuevas rutinas. Cuándo, dónde, cómo… Tener claro estas cuestiones facilitan su instauración.
  4. Recuerda para qué quieres hacer estos cambios. Conecta con la recompensa. Tener presente el motivo por el cual te has propuesto cambiar tus hábitos, te ayudará a mantener el nivel de esfuerzo necesario.
  5. Perseverancia y constancia. Recuerda que el hábito es el resultado de repetir muchas veces, por eso es importante mantenerte constante en este proceso.
  6. Supervisad y sé flexible. Observa cómo vas desarrollando el proceso e introduce cambios si es necesario. Recuerda que hacemos planificaciones, pero hasta que no llegamos a la situación no tenemos una información real sobre cómo funciona, cómo me siento, etc.
  7. Equilibrio. No te centres únicamente en hábitos sobre el trabajo, estudio y/o vida saludable. Intenta dejar tiempo para todas las áreas que son importantes y significativas para ti: aficiones, amigos, pareja, tiempo de descanso…
  8. Sé amable contigo mismo y con el resto de la familia. En ocasiones puede costarnos más trabajo conseguir nuestros objetivos. Cuidado con ese diálogo interior que puede llevarnos a pensamientos desagradables sobre nosotros mismos que interfieren en tu perseverancia y constancia.

La clave para sobrevivir al mes de septiembre es: lo primero y más importante, aceptar que es un mes ajetreado, que a la mayoría nos cuesta y que este mes pasará. La aceptación es la clave del éxito.

Y desde esa aceptación, toca accionar. ¡Asi que a por ello!

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