¿CÓMO AFRONTO LA VIDA?

Cuando nos enfrentamos a ciertos problemas o retos que nos depara la vida, nuestra capacidad para mantener la cabeza fría puede ser clave a la hora de superar con éxito los obstáculos.

Una de las capacidades que nos permiten hacerlo es el afrontamiento. Pero, ¿qué es exactamente el afrontamiento?

Cada persona tiene patrón habitual de enfrentarse a las cosas que le suceden, lo que llamamos un estilo de afrontamiento.

La capacidad de afrontar no se refiere solo a la resolución práctica de los problemas, sino también a la capacidad de la gestión de las emociones y del estrés delante de la situación-problema. Modificar las propias estrategias de afrontamiento para afrontar con eficacia los eventos estresantes depende, entonces, sea de la manera de evaluación de los eventos, sea de la capacidad nuestra y de la posibilidad de captar informaciones, buscar ayuda y apoyo social en el contexto donde se vive.

FACTORES: ¿De qué depende que se utilice un estilo de afrontamiento u otro?

Se han identificado diferentes factores que repercuten en la utilización del afrontamiento basado en el problema o la emoción. Así, los rasgos de personalidad, el sexo al que se pertenece y el tipo de estresor ejercen un papel importante.

  • En lo que respecta a la personalidad, rasgos de personalidad positivos como la extraversión, la responsabilidad o la apertura a nuevas experiencias se han asociado al afrontamiento basado en el problema, mientras que rasgos de personalidad como el neuroticismo o la agradabilidad se han relacionado con el afrontamiento basado en la emoción (Connor-Smith y Flachsbart, 2007; O’Brien y DeLongis, 1996; Penley y Tomaka, 2002; Watson y Hubbard, 1996).
  • En relación al sexo, diversos estudios señalan que las mujeres suelen utilizan en mayor medida el afrontamiento basado en la emoción, mientras que los hombres suelen utilizar más el afrontamiento basado en el problema (Matud, Bethencourt e Ibáñez, 2015).
  • En cuanto al tipo de estresor, el afrontamiento basado en el problema suele utilizarse especialmente para resolver aquellas situaciones sobre las que tenemos cierto nivel de control, mientras que el afrontamiento basado en la emoción suele utilizarse en aquellas situaciones que están al margen de nuestro control. Así, por ejemplo, en el caso de la independización del hogar por parte de un hijo sería posible realizar un afrontamiento basado en el problema con el objetivo de reducir el impacto emocional de la situación (por ejemplo, estableciendo momentos en los que encontrarse con él o manteniendo contacto telefónico o por videollamada con cierta frecuencia). Sin embargo, este tipo de afrontamiento no sería posible ante el fallecimiento de un familiar al no quedar bajo nuestro control la opción de mantener el contacto con él, siendo en este caso necesario realizar un afrontamiento basado en la emoción. Por otro lado, tenemos que tener en cuenta que nuestra percepción acerca de la capacidad de control que podemos ejercer sobre un evento incluye cierto componente subjetivo, es decir, que no siempre que consideramos que algo se encuentra fuera de nuestro control esto es realmente así. Es por ello que antes de seleccionar el tipo de afrontamiento a utilizar, conviene que nos detengamos a valorar de la manera más objetiva posible el grado de control que podemos ejercer sobre el evento estresante en cuestión.

ESTILOS DE AFRONTAMIENTO

El estilo activo y pasivo que se explicarán a continuación, son complementarios, es decir, ninguno es mejor que el otro por definición, sino que  dependiendo del problema puede ser más útil utilizar uno de ellos. Lo importante por lo tanto, será aprender a seleccionar el estilo de afrontamiento correcto según el problema del que se trate.

En general se podrían destacarse 3 estilos de afrontamiento:

  • En el afrontamiento activo o centrado en el problema, la persona emplea acciones directas que van dirigidas a alterar la situación problemática y minimizar las consecuencias negativas. Las estrategias psicológicas concretas utilizadas por estas personas pueden ser: buscar información sobre el problema, visualizar las diferentes opciones de solución que existen evaluando cuál puede ser la más efectiva, planificar la estrategia de acción, organizar cómo llevar a cabo los distintos pasos que conducen a la solución, buscar apoyo en otras personas para que le den información, lo aconsejen, le presten ayuda económica, etc.
  • El afrontamiento pasivo o centrado en la emoción­ pretende regular las consecuencias emocionales negativas del problema, intentando aminorar su impacto. Las estrategias psicológicas concretas utilizadas en este estilo de afrontamiento son buscar apoyo emocional en amigos y familiares (empatía, comprensión), desahogarse, rezar, buscar el lado positivo del problema (¿Qué puedo aprender?), aceptación del problema, etc.
  • El afrontamiento de Evitación se refiere a evitar el problema no pensando en él, esperar que el problema se resuelva por sí mismo, atribuir el error a otra persona, distraerse con otras actividades para evitar pensar en el problema, etc., Las estrategias psicológicas específicas de este tipo de afrontamiento son la negación (no ha sucedido nada), evitación de actividades que les recuerde al problema, poner excusas, consumo de sustancias, utilizar el humor para intentar quitarle importancia a la situación… Es en la mayoría de los casos un estilo de afrontamiento desadaptativo pues impide poner en marcha estrategias (activas y/o pasivas) para hacer frente al problema.

El estilo de afrontamiento activo es más útil en aquellas situaciones en las que la solución está bajo nuestro control, por ejemplo, si tenemos una empresa y los problemas económicos nos están ahogando podemos preguntarnos ¿Qué puedo hacer para tener más ingresos? ¿Incluyo un nuevo producto? ¿Qué gastos puedo reducir? ¿Es factible invertir en publicidad? ¿Y si pido un crédito? ¿Lo podré pagar?… y al final de un sinfín de preguntas de este tipo, habremos obtenido un plan de acción para hacer reflotar nuestra empresa. Quizás funcione o quizás no, pero al menos lo habremos intentado.

El estilo de afrontamiento pasivo o centrado en la emoción es útil con aquellos problemas que escapan de nuestro control, por ejemplo, la muerte de un familiar. En este caso, de nada sirve preguntarse qué podríamos haber hecho para evitarlo puesto que ya nada podemos hacer, lo más recomendable por tanto es buscar apoyo emocional, aceptar que no volveremos a ver a esta persona, pensar que la vida sigue adelante y que siguen habiendo cosas por las que luchar, etc.

AFRONTAMIENTO Y ESTRÉS

A lo largo de nuestra vida todos y cada uno de nosotros hemos tenido, y seguiremos teniendo, que hacer frente a diferentes situaciones estresantes. Sin embargo, lo que para una persona puede ser estresante puede que no lo sea para otra, y viceversa. Entonces, ¿de qué depende que percibamos una situación como estresante o no? Pues depende de la valoración subjetiva y personal que hagamos de la situación en concreto. A modo general, podemos decir que percibimos como estresantes aquellas situaciones que valoramos como amenazantes o perjudiciales para nuestro bienestar físico o mental. Sin embargo, mientras que llegar a un consenso sobre aquellos eventos que amenazan nuestro bienestar físico no sería extremadamente complicado, llegar a un consenso sobre aquellas situaciones que amenazan nuestro bienestar mental sería bastante más difícil. Esto es debido a que solemos valorar como amenazantes o perjudiciales para nuestro bienestar aquellas situaciones que creemos que superan nuestros recursos personales, siendo los recursos mentales, emocionales y cognitivos muy variables en función de la persona.

A pesar de ello, la literatura científica ha sido capaz identificar algunos de los grandes estresores en la vida de las personas y de jerarquizarlos según el impacto emocional que éstos pueden producir en un orden de valores de 0 a 100 (de Rivera, Revuelta y Morera, 1983):

LAZARUS & FOLKMAN, ¿Qué estilos de afrontamiento existen?

Lazarus y Folkman (1986) definieron el afronta- miento como aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas, externas y/o internas, que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo.

Afrontar una situación estresante implica dedicar esfuerzos cognitivos o conductuales dirigidos a gestionar aquella situación externa o interna que ha cambiado y la cual se considera que excede los recursos de la persona (Lazarus & Folkman, 1984). A día de hoy se han identificado dos estilos de afrontamiento principales ante el estrés, siendo estos el afrontamiento basado en el problema y el afrontamiento basado en la emoción.  

  1. Por un lado, en el estilo de afrontamiento basado en el problema la persona se esfuerza en buscar posibles soluciones a la situación estresante para, posteriormente, poner la solución seleccionada en práctica (Folkman y Lazarus, 1984). Por ejemplo, si hemos discutido con una persona, y nos sentimos preocupados por ello, hablar de nuevo con dicha persona para resolver la situación puede ser una forma de realizar un afrontamiento basado en el problema. Otros ejemplos podrían ser invertir más tiempo en estudiar para un examen complicado o buscar un nuevo empleo si nos encontramos a disgusto con el actual. De este modo, en todas y cada una de las situaciones descritas, se estaría haciendo algo para modificar la propia situación estresante y/o reducir las consecuencias asociadas a esta.
  2. Por el contrario, el estilo de afrontamiento basado en la emoción se centra en gestionar la angustia emocional provocada por la situación estresante, no realizándose un afrontamiento directo del problema (Folkman y Lazarus, 1984). Dentro de este estilo de afrontamiento es importante diferenciar entre el afrontamiento basado en emociones positivas y el afrontamiento basado en emociones negativas (Chen, Peng, Xu y O’Brien, 2018). El primero de ellos incluye la utilización de estrategias como expresar los pensamientos, sentimientos y emociones asociados a la situación problema, fortalecer los vínculos con los demás, confiar en que los demás harán lo correcto, suprimir respuestas impulsivas iniciales, realizar ejercicios para controlar el estrés, permitirse disponer de tiempo libre, desconectar del problema u ofrecer apoyo emocional a otros. En contraste, el segundo de ellos implicaría la utilización de estrategias como culpar a otros o tratar de hacerles sentir culpables, expresar hostilidad, confrontar, gritar, maldecir, imaginar diferentes formas en las que tomar represalias o no desconectar del problema.

¿SE PUEDE CAMBIAR EL ESTILO DE AFRONTAMIENTO?

Algunos estudios han señalado que el estilo de afrontamiento cambia a lo largo de la vida, utilizándose con mayor frecuencia el estilo de afrontamiento basado en el problema durante la juventud y la edad adulta y el estilo de afrontamiento basado en la emoción durante la vejez. Sin embargo, se cree que esto puede deberse a un cambio en el tipo de estresores asociados a cada etapa de la vida.

Por tanto, se puede concluir que el elemento esencial para una buena adaptación al evento estresante, especialmente en el caso de larga duración de acontecimientos estresantes en el tiempo, es:

  • la flexibilidad en el uso de estrategias de afrontamiento
  • la capacidad de no utilizar una sola estrategia y cambiarla si nos resulta ineficaz y desadaptativa.

CONCLUSIONES

Algunas estrategias de afrontamiento que podemos aprender a desarrollar podrían ser:

  • Mantener un control activo en el problema
  • Intentar no hacer más dramática la situación
  • Relajarse y analizar la situación desde diferentes perspectivas,
  • Confiar en nosotros mismos y en nuestras capacidades,
  • Admitir nuestros límites, ¡somos personas, no robots!
  • Pedir ayuda a las personas más íntimas, cuando reconocemos que necesitamos un apoyo.

El estado de bienestar es por tanto accesible a través de un equilibrio entre nuestra voluntad y la posibilidad de actuar de acuerdo con el contexto en el que vivimos, fortaleciendo así nuestros recursos internos y los que están disponibles en nuestro entorno.