ADICCIÓN TECNOLOGICA EN MENORES: 4 PAUTAS

Podemos denominar adicción como “el estado mental y físico patológico en el que una persona necesita un estímulo para lograr una sensación de bienestar”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2018 incluyó en la Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-11 el “Trastorno por videojuegos” (“Gaming disorder”) que se refiere al uso de juegos digitales o videojuegos, ya sea mediante conexión a Internet o sin ella; a pesar de las críticas recibidas por expertos que argumentan la baja calidad de esta categoría diagnóstica por no haber consenso en cuanto a sintomatología y considerando prematuro hablar de diagnóstico formal.

En cualquier caso, lo que se extrae es que hay una creciente preocupación por el comportamiento de los niños y niñas frente a los videojuegos.

Los datos arrojan que hasta el 9% de las personas que juegan alrededor del mundo son adictos a los videojuegos y en España un 18% de los jóvenes de entre 14 y 17 años hace un uso abusivo de internet lo que va asociado a:

  • Fracaso Escolar.
  • Consumo de drogas.
  • Obsesión por las redes sociales y los videojuegos

Y todo ello puede derivar en problemas mentales y físicos.

¿Ante qué situación estamos?

El nuevo Plan de Acción sobre Adicciones 2018-2020 aprobado por la Conferencia sectorial sobre Drogas, ya incorpora como nuevas prioridades el juego patológico, prestando especial atención a los menores de edad y a su protección frente a este problema, a través de medidas normativas en relación con la accesibilidad y publicidad, y programas de prevención de adicciones sin sustancia, para su aplicación en los ámbitos escolar, comunitario, sanitario y familiar.

Es decir, desde diferentes ámbitos se ha visto la necesidad de regular tanto el acceso como la publicidad donde este tipo de productos pueden ser usados o deseados por menores, no hay que olvidar que con los 45 millones de usuarios a nivel mundial que tiene el famoso videojuego “Fortnite” ya se están viendo casos desde el pasado año 2018 en el que menores han mostrado síntomas adictivos.

¿Cómo llegan los menores a convertirse en adictos?

Los videojuegos en muchas ocasiones muestran una vía de escape para los menores, es un escenario donde no intervienen las emociones, o más bien no hay que gestionarlas, no están expuestos a ellas.

Como los adultos, los menores tienen que lidiar con problemas en su día a día que les llevarán a adquirir la capacidad resolutiva necesaria para su edad adulta, pero en muchos casos y sobre todo cuando se presentan niños con baja autoestima, la evitación de estos problemas cotidianos (enfados con amigos, temor a no tenerlos, problemas con compañeros en el ámbito escolar, etc.) les lleva a refugiarse en actividades en las que el reconocimiento inmediato, la obtención de rápidas recompensas y la ausencia de emociones, hace que no tengan que trabajar las relaciones sociales.

Si a esto le sumamos que el estrés y la falta de tiempo de los adultos hace que usemos los móviles o tablets como “ventana de calma familiar” se genera un entorno de peligro en el que puede llegar a aparecer la adicción.

En Psicobil estamos acostumbrados a trabajar en la consulta infanto-juvenil con niños y jóvenes que pueden verse en estas situaciones.

La anticipación de la edad a la que se obtiene el primer móvil o Tablet nos ha enseñado la peligrosidad de no ejercer el control necesario sobre ellos, nuestro papel como adultos es enseñarles el buen uso de los dispositivos.

Solemos aconsejar a los padres de nuestros pacientes que marquen límites, tanto para los videojuegos como para el uso de internet y las redes sociales, con los que se restrinjan el uso y las actividades a realizar, tipo de páginas a visitar y consecuencias hacia sí mismos y hacia los demás (ciber-acoso, ciberbullying, etc.), además de aumentar la comunicación con los menores para crear un entorno seguro en el que puedan contar lo que les puede estar ocurriendo.

Una idea que solemos dar es la redacción de un “Contrato Familiar de Uso de Dispositivos Móviles y Electrónicos”, poner por escrito, en familia, negociando e incluyendo a los menores en la toma de decisiones y en la responsabilidad de uso ayuda a que ellos vean que sentimos que han adquirido la madurez necesaria para poder usarlos, que les apoyamos y protegemos.

Implicarles, aumentando su responsabilidad, hace que aprendan y gestionen su uso con criterio.

PAUTAS desde Psicobil para controlar el uso de videojuegos:

  • Marca un horario y determina la cantidad de tiempo del que se dispone para jugar.
  • No rompas bruscamente el juego. Es preferible dar tiempo para que finalicen el juego, advirtiendo con anterioridad que el tiempo terminará.
  • Mezclar el tiempo lúdico entre la “conexión con dispositivos” y fuera de casa (naturaleza, actividades deportivas, interactuar con más personas, etc.)
  • Dialogar, razonar y comunicarse mostrando confianza y cercanía.

Si en algún caso, veis que a pesar de estas medidas el tiempo de uso no se reduce, o aumenta y se muestran signos de irritabilidad ante la idea de dejar el juego, conflictos familiares por hacerlo, negación ante la idea de compartir su tiempo de ocio con más personas…Acudid a un profesional de la psicología para determinar las medidas a tomar.

¿Cuáles son los signos de alarma?

Como ya hemos comentado, la OMS ha incluido dentro del epígrafe de “trastornos debidos a comportamientos adictivos” la categoría diagnóstica que se caracteriza por un patrón de comportamiento de juego “continuo o recurrente” vinculado a tres condiciones negativas provocadas por el mal uso de los juegos digitales:

  1. Falta de control de la conducta de juego en cuanto al inicio, frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto en el que se juega.
  2. Aumento de la prioridad que se otorga a los juegos frente a otros intereses vitales y actividades diarias.
  3. Mantenimiento o escala de la conducta a pesar de tener conciencia de las consecuencias negativas.

A través de nuestra experiencia, en Psicobil observamos otras situaciones que pueden darse.

Cuando estamos ante menores sanos vemos que el juego en sí les gratifica y pueden parar, aunque en ocasiones haya enfados, pero terminar la actividad no les genera estrés.

En menores dependientes observamos como para ellos el juego es irrenunciable, no admiten tener que dejarlo y viven crisis de abstinencia con procesos de ansiedad, irritabilidad y malestar, llegando a manifestarse esa tensión en su cuerpo. La abstinencia prolongada puede provocarles problemas tanto físicos como mentales, prefiriendo alejarse de la realidad para adentrarse en el mundo paralelo y de completa libertad que les proporciona el juego.

En resumen, la peligrosidad del abuso de los videojuegos frente a otro tipo de actividades reside en que la ausencia de emociones al no interactuar con otras personas, la generación de emociones fuertes a través de los videojuegos, la sensación de no vigilancia en ese “mundo virtual” y los retos en los que ellos se sienten reconocidos y recompensados de forma inmediata crean el escenario perfecto para convertirse en adictos, llegando a puntos extremos como falta de sueño, mentir o aislarse. Por desgracia vemos como cada vez, en edades más tempranas, aparecen niños y niñas que dependen de los videojuegos para poder entretenerse, o que es la elección para su tiempo de ocio.

  El espíritu humano debe prevalecer sobre la tecnología.
Albert Einstein.

Información Plan de Acción sobre Adicciones 2018-2020: www.infocoponline.es/pdf/PLANADICCIONES.pdf

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