4 de Junio: INFERTILIDAD y SENTIMIENTOS

El 4 de junio se celebra el Día Mundial de la Fertilidad, con el objetivo de llamar la atención sobre los problemas de fertilidad que se presentan cada vez con más frecuencia en la población, y de identificar el momento indicado para consultar a un especialista.

La pareja frente a la infertilidad

No alcanzar la maternidad/paternidad por medios naturales es causa de estrés psicológico. Cuando se acude a tratamiento de fertilidad, se pasa por diversas fases e incertidumbres que hacen necesario el apoyo psicológico.

Lejos de ser algo anecdótico, los problemas de fertilidad son cada vez más frecuentes, llegando a afectar a una de cada seis parejas. Sea como sea, la infertilidad es algo que afecta mucho a nivel emocional a la pareja que lo sufre, que además de tener que hacer frente a esto, tiene que hacer frente también a los comentarios del entorno, que no siempre ayudan.

En el momento en el que una pareja atraviesa la puerta de una clínica de reproducción asistida, suele llevar ya más de un año intentando tener un hijo sin éxito. Pero por si esto no fuera lo suficientemente complicado, tenemos los comentarios del entorno, y lo que es peor, de muchos profesionales que participan en el tratamiento: “relájate y verás como llega”, “mi vecina estuvo dos años de tratamientos, fue dejarlos y quedarse ella sola”, o el comentario estrella… “NO TE OBSESIONES”. Estos mensajes se suelen dirigir casi siempre a la mujer y, aunque pueden partir de una buena intención, al final se convierten en un problema, ya que acaban responsabilizando a la mujer del fracaso en conseguir el embarazo, y eso contribuye al estrés y a la culpa, que forman parte casi inseparable del proceso. 

El mensaje que implícitamente se está transmitiendo con esos comentarios, si lo pensamos es bastante perverso; sería algo así como “tu deseo de tener hijos no te deja tener hijos”. Y es que las ideas de “psicología popular” abundan en estos ámbitos, y acaban haciendo mucho daño a la pareja, especialmente a la mujer, que es a quien se dirigen.

  • El estrés no causa infertilidad

Para empezar, es muy importante dejar esto claro: en contra de la creencia popular, el estrés no suele ser la causa de la infertilidad, pero sí es una de las consecuencias más frecuentes de la misma, es algo que está presente durante todo el proceso de reproducción asistida y, como ahora veremos, puede acabar teniendo un papel demasiado importante si no se controla.

  • ¿Ser pesimista hará que no avance el tratamiento?

También existe otra creencia popular muy extendida acerca del papel del optimismo y el pesimismo durante la reproducción asistida y la infertilidad: “Si eres tan pesimista, las cosas no irán bien”, “Tienes que ser más optimista, con esa actitud no vas a ningún lado”. A ver, ¿qué hay de cierto? El optimismo o el pesimismo, por si solos, no tienen ninguna influencia directa en este proceso, más allá del estado de ánimo que generan en quien tiene estas emociones. Lo diré claro: ser pesimista, pensar que “no va a ir bien” no va a hacer que tengas menos probabilidad de conseguir una beta positiva, los pensamientos no tienen ese poder mágico. Enfrentarse al proceso con optimismo probablemente va a provocar sentirse mejor y con menos angustia; hacerlo con pesimismo probablemente derivará en sentirse mucho peor.

Papel de la familia y el entorno en la reproducción asistida

¿Y cuál es el papel de la familia y amigos en el tratamiento de la infertilidad? Como a veces difícil llevar este todo esto de manera privado, es importante delimitar cuál será su papel y tener claro qué se quiere compartir con ellos. Muchas parejas deciden limitar la información que dan a su círculo más cercano para evitar que les estresen más aún con sus preguntas y demandas de información. Pero el aislamiento tampoco es bueno; siempre recomendable contar con alguna persona de confianza que pueda dar apoyo y soporte emocional durante el proceso.

¿Y qué es mejor, buscar información o dejarse llevar? Pues depende. Hay personas a las que les ayuda mucho recopilar un montón de información, estadísticas y testimonios acerca del proceso, ya que esto aumenta su sensación de control y disminuye la incertidumbre. Peor otras prefieren “dejarse llevar” y saber lo menos posible. No hay una opción que sea la mejor, todo dependerá del modo de afrontarlo que tenga cada uno. Si necesitas buscar información, búscala. Si necesitas dejarte llevar, déjate llevar.

Afrontar la infertilidad: la pareja como equipo

Hay que tener en cuenta que la infertilidad es un problema de pareja, no de la mujer. Es importante, y es necesario, que sean los dos miembros de la pareja quienes acudan a todas las visitas médicas, pruebas, entrevistas, sesiones de apoyo psicológico… Ahora más que nunca hay que trabajar en equipo.

Es importante acordar con la pareja cuáles van a ser los límites que pongáis al tratamiento: a cuántos ciclos de inseminación artificial o fecundación in vitro estáis dispuestos a someteros, cuánto dinero podéis invertir, cuánto tiempo os podéis dar… Fijar estos techos os ayudará a acotar algo que es poco controlable.

En este sentido, es importante tener siempre un plan, saber cuál va a ser el siguiente paso a dar tanto si los resultados son positivos como negativos, en el sentido de “Si esto falla, ¿qué hacemos, vamos a donación?, ¿adoptamos?, ¿tiramos la toalla?” No basta con un plan B, también hay que tener un plan C y D. Esto os ayudará a disminuir la incertidumbre y aumentará su sensación de control.

El camino hacia la fecundación asistida

Según los estudios el momento más fecundo para la mujer se encuentra alrededor de los 25 años, a partir de ahí va decreciendo ligeramente hasta los 35 años, donde el decremento se hace más claro. Es a partir de los 35 años cuando la calidad de los óvulos es menor y en el útero y en las trompas de Falopio pueden aparecer fibromas y endometriosis, que dificultarían le gestación. Las cifras indican que una mujer necesitará entre 3 y 4 meses para quedarse embarazada a los 25 años y de 12 a 13 meses de media entre los 35 y 40 años de edad.
Un 80% de parejas, en las que la mujer tiene más de 35 años, tendrán que esperar un año para quedar embarazadas, del otro 20%, un 10% esperarán más de un año y el 10% restante acudirá a la medicina para cumplir su deseo de concebir un hijo.

Después de tanto sufrimiento se mezclan las emociones de alegría, ilusión, euforia… Pero también surgen nuevos temores, inseguridades y miedos, en este momento la ayuda psicológica se centra en el manejo de esas emociones negativas para que no les paralicen y comprueben que ellos pueden hacerlo y generen así la seguridad en su nueva faceta de padres.

Para eso sugiere que la mujer haga una revisión exhaustiva de diferentes aspectos de tu vida mediante las siguientes preguntas:

-¿Cuánto tiempo llevas queriendo ser madre? ¿Cuánto tiempo llevas buscando ser madre?

-¿Cuánto tiempo llevas tratándote?

-¿Cómo fue la fase diagnostica y el tratamiento?

-¿Qué impacto ha ocasionado a nivel emocional y físico?

-¿Cómo ha afectado a la relación de pareja? ¿Y a ti personalmente?

-¿Se han presentado problemas en las relaciones de pareja?

-¿Se han visto afectadas otras áreas de su vida como por ejemplo el trabajo, el sueño…?

-¿Has buscado ayuda profesional?

-¿Le has explicado tu problema a alguien? ¿Qué reacción ha tenido?

-¿Consideras que necesitas hablar más con tu pareja? ¿Con amigos y familiares? ¿Con su ginecólogo u otros especialistas médicos? ¿Otras parejas que hayan pasado por lo mismo?

-¿Se han analizado todas las opciones? ¿Se ha consensuado con la pareja?

-¿Estás pasando por todo el proceso con confianza? ¿Logras hacerlo compatible con tu vida profesional, social, familiar, con aficiones y deportes? ¿Eres capaz de disfrutar con las mismas cosas que lo hacías antes?

Los expertos en psicología ayudan a revisar estas cuestiones, elaborar y mejorar en su consulta. Además, cada caso se trata de manera individual por lo que el psicólogo propondrá actividades diferentes complementarias al tratamiento.

El planteamiento de un tratamiento

Para solicitar un estudio de fertilidad es necesario llevar mínimo un año intentando que se dé el embarazo sin éxito, a partir de los 40 años ese tiempo puede ser menor. .
Los terapeutas nos encontramos en nuestras consultas numerosos casos de parejas en crisis que necesitan la ayuda de la terapia para recuperarse del difícil camino recorrido para conseguir ser padres y, en el peor de los casos para afrontar, sin romper la relación el fracaso de su deseo de ser padres/madres.

Es de suma importancia entender el duro camino que atraviesa la pareja en su deseo de tener un hijo, sólo en cuestión de tiempos de espera habría que tener en cuenta que cuando la pareja acude al especialista en reproducción asistida lleva un mínimo de dos años buscando el embarazo por su cuenta, a esto se le sumaría el tiempo de espera desde las primeras entrevistas de evaluación hasta el inicio de las pruebas diagnósticas, que puede ser de hasta dos años, más de uno a tres meses que se necesitan para realizar las pruebas pertinentes y hasta que se inicia el tratamiento, estaríamos hablando de un proceso de unos seis años de duración. En este tiempo, la pareja ha pasado de la ilusión y la esperanza de los primeros momentos a la frustración, la desesperación y los miedos que van acompañando a cada mes de fracaso. Este proceso es un acontecimiento estresante que pone a prueba a cada uno de los miembros de la pareja y a la relación en sí misma. Por lo que no hay que dudar en pedir ayuda a un terapeuta de pareja cuando el sufrimiento y la falta de entendimiento hacen mella en la relación.
En esa primera cita a la unidad de reproducción, se empieza un nuevo recorrido, un nuevo proceso psicológico que supone un punto de partida hacia la posible solución del problema, en la que el éxito del tratamiento/s no es seguro y la consecución de su deseo no está garantizado.

Los procesos emocionales durante un tratamiento de fertilidad

Los procesos emocionales por los que pasa la pareja son diferentes en función del momento del tratamiento en que se encuentren, por lo que conocerlos ayudan al terapeuta a empatizar con ellos y acogerlos en un entorno clínico en el que se sientan seguros y comprendidos.

– Primera visita a la unidad de reproducción

Es un momento inquietante de ilusión e incertidumbre. Se abre una puerta a la esperanza tras meses de frustración. Las parejas depositan su fe en que las técnicas de reproducción funcionen y puedan, por fin, tener un hijo.

-Durante el estudio de fertilidad

Son muchas las situaciones de estrés por las que pasar, un simple análisis de sangre o de orina adquiere un gran significado y la espera de los resultados puede resultar muy angustiosa. También se pasa por incertidumbre ante pruebas novedosas y miedo ante la posibilidad de sufrir dolor en el transcurso de las mismas.

-En el momento del diagnóstico

Las emociones nos generan contradicción, puede experimentarse un cierto alivio al conocer el origen de los problemas de fertilidad y marcarse así el inicio de la posible solución, pero por otro lado se evidencian dos grandes pérdidas, la de la salud reproductiva y la de la realización del mayor deseo de la pareja, el ser padres sin mayores complicaciones.
La aceptación del diagnóstico no siempre es inmediata, en ocasiones es el resultado de un proceso que se inicia con un estado de negación, seguido de enfado, sentimiento de injusticia e infortunio, tristeza e impotencia. Realizar el proceso hacia la aceptación sin quedar estancado en un punto anterior es cuestión de tiempo en la mayoría de las ocasiones y depende del contexto personal y de pareja de cada caso, así como la personalidad y las habilidades de afrontamiento de cada persona. Pero cuando algo no va bien, cuando las emociones no fluyen puede aparecer el bloqueo y el sufrimiento innecesario. Entonces puede ser adecuado buscar el apoyo psicológico de un terapeuta especializado ya sea en la propia clínica de reproducción asistida o fuera de ella.

-Inicio del tratamiento

Cuando se acepta el diagnóstico, se estudian las alternativas y se valoran los costes-beneficios de cada opción (adoptar, resignarse a no tener hijos o realizar un tratamiento de reproducción asistida) es el momento de decidir qué alternativa se va a seguir, aceptar las emociones que les van a acompañaran en ese camino e iniciar su andadura.
Son diferentes las reacciones emocionales en función del momento del tratamiento y el tipo de tratamiento que se realice. En una primera fase de estimulación ovárica asoman con fuerza la ilusión y la esperanza, en convivencia con el temor a lo desconocido. Las frecuentes visitas a la unidad de reproducción pueden alterar las rutinas familiares y laborales de la mujer y es fácil sentir impaciencia por conseguir el objetivo final.
En otros momentos del tratamiento las respuestas de ansiedad son más evidentes e intensas, si el tratamiento consiste en una inseminación artificial es menos estresante que si es una fecundación in vitro, que es más largo, molesto y complejo, especialmente si el tratamiento se realiza con donación de gametos o de embriones, ya que a todo lo anterior se añade el temor, la contradicción y la duda de no ser ellos los “únicos” padres. Es en estos casos donde se hace más necesaria la terapia u orientación psicológica.

-A la espera de resultados    

Es el momento de comprobar si el esfuerzo ha merecido la pena, si el tratamiento ha tenido éxito y se ha conseguido el ansiado resultado. El paso del tiempo se torna lento, los minutos parecen horas, la atención de la mujer se focaliza en cada respuesta de su cuerpo, se desean los pasos de los días y se teme la llegada de la regla. La espera se hace interminable y angustiosa. El nerviosismo, la esperanza, la euforia y la agonía comparten protagonismo según el momento y el día.

-Cuando ya están los resultados

A pesar de los avances en los tratamientos, sólo en un 30% de los casos se obtienen los resultados deseados, y aunque las probabilidades de conseguir un embarazo sin ayuda médica no son muy superiores, la vivencia del fracaso tras la terapia de reproducción asistida es mucho más dolorosa, triste y frustrante por todo el esfuerzo, tiempo y esperanzas invertidas. El coste físico, emocional y psicológico asesta un revés del que no es sencillo recuperarse, aunque la mayoría de las parejas se levanta y sigue hacia adelante.

-Se obtiene la gestación

Si como resultado se obtiene la gestación, en ocasiones múltiple, a la euforia e inmensa alegría se le unen el miedo al aborto y a lo que está por venir.

La intervención del psicólogo en el proceso

La intervención psicológica tiene que ajustarse a cada caso y a las características que le hacen único y especial.

La intervención puede realizarse de forma individual, en pareja y en grupo. Además de realizarse de manera presencial puede resultar muy útil el apoyo y asesoramiento telefónico. Por lo que sería deseable que todas las clínicas especializadas en reproducción asistida facilitaran a sus pacientes este tipo de servicio.
Las características de la intervención y los objetivos terapéuticos serán distintos en función del momento del tratamiento en el que se encuentre la pareja.

En la fase de diagnóstico

  • Es de especial relevancia dotar a la pareja de la información necesaria para entender y conocer los aspectos médicos del tratamiento, así como anticiparles los procesos emocionales que pueden aparecer a lo largo de todo el proceso.
  • Se ajustan así las expectativas, se eliminan incertidumbres y se normalizan síntomas.
  • Es imprescindible trabajar el mantenimiento o creación de redes sociales de apoyo y colaboración, para favorecer la distracción y el desahogo necesarios en el duro momento que atraviesan. Que sus vidas no se paralicen y no dejen de cuidarse a sí mismos y al otro.
  • Identificación de valores relacionados con la pareja y la maternidad para afrontar cualquier malestar en relación a que para ellos tiene sentido. Tener clara la dirección de sus vidas y afrontarlo juntos, en colaboración les hará más fuertes ante la adversidad.
  • Trabajar la aceptación de emociones y de pensamientos para que estos no les desborden ni les paralicen. También son útiles las técnicas de relajación para dejar de tensar, relajarse y afrontar el tratamiento con enterez

En la fase de tratamiento

  • Aquí cobrará especial relevancia la expresión de emociones con el fin de conseguir apoyos y comprensión de manera asertiva. Conocer y expresar sus emociones primarias tales como el miedo o la incertidumbre de manera que los tratamientos médicos sean más llevaderos y no acumulen emociones que les acaben desbordando.
  • El manejo de la tensión y la ansiedad es muy importante para afrontar las técnicas más molestas y favorecer el éxito de las mismas.
  • Cuidar las relaciones sexuales y la expresión de afecto y cariño para que mantengan la capacidad de disfrutar de sus encuentros íntimos y no se conviertan en un proceso automático carente de placer. Será necesario intervenir de forma específica ante cualquier disfunción tanto masculina como femenina.
  • Prepararse ante las altas probabilidades de tener embarazos múltiples.
  • Preparación para afrontar los posibles fracasos del tratamiento.
  • Desarrollo y entrenamiento de habilidades de comunicación ante familiares y amigos para informar de los resultados y mantener o establecer límites para protegerse de posibles presiones o invasiones en su intimidad.
  • Preparación para, llegado el momento, tomar decisiones que suelen resultar difíciles, tal como utilizar donantes, paralizar el tratamiento o finalizarlo.
  • Manejo de la incertidumbre mientras esperan los resultados del tratamiento.

Si no se consigue el embarazo

La ayuda más necesaria es la de realizar un buen proceso de duelo.

Son muchos los adioses que hay que hacer ante la frustración de sus mayores deseos. Ante una pérdida tan evidente la ayuda psicológica cobra especial relevancia.
Ayudar a la pareja a realizar este proceso juntos y que la relación no se deteriore ni pierda sentido, darse apoyo y consuelo mutuo y generar nuevas alternativas de paternidad o nuevas formas de comprometerse con sus valores y sentir que éstos siguen guiando sus vidas.

Si se consigue el embarazo

Después de tanto sufrimiento se mezclan las emociones de alegría, ilusión, euforia… Pero también surgen nuevos temores, inseguridades y miedos, en este momento la ayuda psicológica se centra en el manejo de esas emociones negativas para que no les paralicen y comprueben que ellos pueden hacerlo y generen así la seguridad en su nueva faceta de padres.

Es importante analziar cómo nos sentimos y si es necesario pedir ayuda, para vivir este proceso con el mayor bienestar posible.

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