Las dificultades de aprendizaje no son fáciles de describir ni tampoco de diagnosticar, sobre todo en etapas infantiles cuando los juicios realizados por el entorno del menor van desde “es vago” hasta “nunca conseguirá aprobar nada”, de ahí la importancia de una detección precoz.

Este tipo de juicios refuerzan un concepto negativo de sí mismos y allanan el camino para la aparición de trastornos emocionales derivados de las DA.

¿Qué es una DA?

Según el DSM-5 una Dificultad de Aprendizaje (DA) o Trastorno Específico del Aprendizaje (según la codificación del DSM-5), se refiere a la dificultad en el aprendizaje y en la utilización de las aptitudes académicas, que se manifiestan en la lecto-escritura, la comprensión lectora, expresión escrita, dificultades ortográficas, calculo aritmético y razonamiento matemático, suele haber comorbilidad entre ellas dada la necesidad de unas aptitudes para el desarrollo de otras y tienen un origen neurobiológico que es la base de las anormalidades a nivel cognitivo.

Las aptitudes académicas afectadas están sustancialmente y en grado cuantificable por debajo de lo esperado para la edad cronológica e intervienen significativamente en el rendimiento académico.

Comienzan en la edad escolar, pero pueden no manifestarse claramente hasta que las demandas de las aptitudes académicas en desarrollo superan las capacidades del niño o niña no siendo estas capacidades limitantes explicadas mejor por discapacidades intelectuales u otros trastornos.

Por tanto, las dificultades de aprendizaje no son simplemente consecuencia de la falta de oportunidades para aprender o de una insuficiente instrucción en los conocimientos impartidos, sino que interrumpen el patrón normal de aprendizaje y se manifiestan como un abanico de comportamientos o síntomas descriptibles y observables.

A menudo, las niñas y niños que se ven afectados por una DA desarrollan, si no se diagnostica y trata a tiempo, trastornos y alteraciones emocionales derivados de un bajo auto-concepto y baja autoestima: ansiedad y depresión entre otros.

En Psicobil, vemos frecuentemente cómo las alteraciones emocionales también traspasan a alteraciones en el comportamiento.

Un reto dentro de un diagnóstico.

Ser diagnosticado con un DA no es sinónimo de ser menos inteligente, como hemos indicado son dificultades que no se explican por incapacidad intelectual, bajo CI o discapacidad, lo que supone un reto para el entorno de los niños diagnosticados: profesionales médicos, centros escolares y padres. La relación entre todo el entorno del menor se convierte en elemento importante para encarar las dificultades que surgen del diagnóstico donde el apoyo y los medios proporcionados dan como resultado éxito académico y superación personal para estos niños y niñas aunque no sin esfuerzo.

Educar a niños y niñas con DA no puede ser solo impartir conocimientos en un tiempo y forma. Intervienen factores a tener en cuenta como la organización, reducción de estímulos y entrenamiento de procesos, en resumen, se priorizan las necesidades, diferencias y dificultades que tendrá el niño o niña creando el entorno idóneo para la adquisición de una educación completa, plural y duradera donde el papel del profesional “reeducador” estará muy presente, junto con los padres y profesores como elementos para fijar las aptitudes que se vayan adquiriendo así como la constancia a través del juego y ejercicios dirigidos.

Psicobil: Expertos reeducadores.

Tras más de 12 años trabajando en terapia infanto-juvenil desarrollamos un plan de tratamiento específico para nuestros pacientes diagnosticados con DA.

Nuestro principal papel en la reeducación de estos niños y niñas es observar, dirigir y modelar los procesos de aprendizaje que llevan a la adquisición de las aptitudes académicas establecidas.

Para nosotros la importancia de la detección precoz es máxima, ya que conlleva realizar una intervención multimodal que compense el trastorno. Atendemos a su vez al plano emocional de nuestros pacientes reeducando una vez más, y desde el plano de la terapia cognitivo-conductual, la actitud en la forma de abordar las tareas de mejora propuestas desde nuestro centro además de las académicas.

La realización de evaluaciones e intervenciones psicológicas evita en los pacientes trastornos emocionales derivados de un bajo rendimiento y fracaso escolar.

Como ya hemos mencionado los juicios de valor ante alumnos que presentan dificultades no explicadas por discapacidades entorpecen el diagnóstico e implantan ideas negativas que dan como resultado alteraciones en el comportamiento, usando actitudes negativas y de confrontamiento con compañeros, profesores y padres.

Los niños en general no saben procesar adecuadamente las emociones y a veces observamos en consulta que, ante una dificultad de aprendizaje, rechazan las actividades escolares a través de la ira y la agresividad como método de evitación y vía para sobresalir, aunque sea de forma negativa, de ahí surge también la importancia de trabajar las emociones, su reconocimiento y reforzar la autoestima y autoconcepto.

DA en la infancia.

Durante la infancia, en los primeros años de escolarización se adquieren y desarrollan habilidades instrumentales básicas: lectura, escritura, atención y concentración, etc.

Al inicio de su adquisición, casi todos los niños y niñas presentan dificultades, es en torno a los 7 años cuando se hacen patentes, si no se han observado con anterioridad a través de un diagnóstico precoz.

En la primera etapa de la infancia, se observaban entre otros:

  • Errores en lecto-escritura.
  • Dificultad para la realización de cálculos como orden de secuencias numéricas o problemas con secuencias temporales.
  • Dificultad para recordar la información aprendida.

A partir de los 7 años observamos dificultades concretas:

  • Lecto-escritura:
    • Dificultad en la comprensión lectora: lectura ineficiente.
    • Dislexia
    • Disfrafía.
    • Disortografías.
  • Matemáticas y cálculo:
    • Discalculia.
    • Dificultad en el razonamiento matemático: manejo de números, operaciones y secuencias
    • Dificultad en la comprensión de enunciados matemáticos.
  • Trastornos del lenguaje o disfasia.

Como consecuencia se manifiestan problemas en la atención, motivación y conducta que conviven con factores emocionales negativos como la ansiedad, bloqueos, rechazo escolar, baja autoestima, etc. Cabe preguntarse ¿Cómo se sienten con ellos mismos?

¿Qué recomendamos a los padres desde Psicobil?

Una buena orientación dirigida a los padres minimizará el estrés que genera la obtención de un diagnóstico por DA. En torno a un 10 y 15% de niños escolarizados presentan alguna dificultad de aprendizaje y como ya hemos dicho, el diagnóstico no conlleva inmediatamente el fracaso escolar, sino un esfuerzo mayor y por lo tanto una recompensa emocional y personal para todo el entorno.

  1. Información veraz.

La consulta psicológica puede ser el marco idóneo para recibir buena información y solicitar lecturas de apoyo con las que estar bien orientados e informados.

  • Reforzar la autoestima.

Para cualquier niño es esencial, pero se debe prestar más atención a este punto en el entorno familiar y escolar de los niños y niñas con DA.

  • Fomento de la independencia.

Podemos caer en el error de asumir que necesitan ayuda en cualquier aspecto, algo que puede aumentar el concepto negativo de sí mismos: “no valgo para nada”, “no valgo para estudiar” “como no se hacerlo necesitare siempre ayuda”.

  • Organización en el hogar, tableros de anotaciones, agenda compartida (profesorado, alumno, padres), rutinas y horarios establecidos.

Ayudan a establecer tiempos y espacios conocidos y de seguridad para el niño o niña, que además inculcan hábitos beneficiosos para la adquisición eficaz de conocimientos.

  • No centrarse solo en lo que requiere esfuerzo si no en la autoestima y en la adquisición de actividades que generen bienestar.

Realizar aquellas actividades para las que sí se ven capaces, que les gustan y donde obtienen logros reforzará el plano emocional generando bienestar, el cual es necesario para realizar el esfuerzo que implica realizar las tareas en las que tienen dificultad.

  • Empatía.

Hay que buscar el punto de vista del niño, conectar con cómo se puede sentir, entender el esfuerzo que realiza, premiarlo y dar tiempo para la obtención de resultados.

Ver este diagnóstico como una oportunidad de generar en nuestros hijos e hijas hábitos, esfuerzo y sentimientos de superación es algo a lo que no se llega desde en el primer momento, asumir las dificultades que se presentan en nosotros mismos, los sentimientos y las emociones que se derivan y más aún las de nuestros hijos conlleva trabajo, pero no significa que el resultado no llegue.

“Entre las DIFICULTADES se esconde la OPRTUNIDAD.”

Albert Einstein.